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Moníco Mayobre llegaba en horas de la tarde, cinco pasajeros en su Chevrolett con su aviso "Línea Marín", 24 horas de viaje de Caracas hasta Casanay, los pasajeros bajaban con el pelo y las cejas amarillentos de tierra, la carretera en gran parte era solo de tierra, ese "granzón" que cuando llovía imposibilitaba muchos pasos, los cuales, de por si, no eran muy buenos. Mónico repartía los pasajeros, se iba a Santa Marta, a la casa paterno-materna, se bañaba, dormía un rato, cenaba y para Caracas otra vez, a buscar más pasajeros, había que aprovechar las fiestas decembrinas para ganar un poco más de dinero, ya descansaría en enero, después del siete, por que el éxodo se repetía desde el primero de enero del siguiente año. Algunos viajaban desde Caracas, Pto la Cruz, San Feliz, etc. hasta Carúpano, y luego Chico Ramón, Liévano y Luis Aguiar terminarían la jornada hasta Casanay. Era un viaje muy fuerte, llegaban super cansados, pero en tan solo unos momentos, un palo de ron con ponsigué, saludos cariñosos, la bendición de los padres y un buen baño y pa' la plaza, a saludar a los amigos, a reír y contar lo que ya nos sabíamos, o las nuevas nuevas para ponernos al día. Expreso de Sucre en los años sesenta comenzó sus actividades desde Casanay, mejoraron las cosas, la carretera toda había sido asfaltada, hablando de tiempo el espacio se puso pequeño. ¡Qué difícil resultaba para Gabrielito Márquez, Evaristo Brito, Augusto Acosta, Auxiliadora Marcano, Dominga Tineo, y muchos más, y aquellos que los siguieron y los que continuaron migrando en busca de nuevos y mejores horizontes, volver al terruño, sin embargo volvían, su Casanay estaba ahí, como llamándolos todo el año. Para algunos quedaba la añoranza, para otro el feliz retorno, para todos la alegría del reencuentro. Feliz Navidad a todos.
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