|
|
Darío junto con su papá había trabajado en varias oportunidades en los terrenos de Angito Brito y de Genaro Villarroel. Su papá también tenía un terreno, pero muy pequeño y “además no tenemos centavo”, respondió Darió a una pregunta que le hizo Chuíto Brito,en relación al terreno del papá de Darío. Cuando Darío cumplió dieciocho años se fue para Caracas. Pasaron unos años sin vernos. Un día unos militares se alzaron en Carúpano contra el gobierno constitucional del Presidente Rómulo Betancourt, el Carupanazo, así denominaron ese golpe de estado. La Plaza Bolívar de Casanay se llenó de gente, muchos campesinos armados de machete, palos y cuantas herramientas de labores del campo tenían a su disposición. En la esquina de Mundao y Rafael Acosta (donde está hoy la bodega de Picho Belmonte), encontré a Darío, muy temprano en la mañana, tenía una chaqueta de color marrón oscuro y un sombrero de pelo, de igual color. Su seño, entre cejas, fruncido. Nos saludamos y tuvimos una conversación más o menos así:
Pedro Luis: Hola Darío, te creía en caracas
Darío: Guicho ¿Cómo estás? No vale me vine antes de dejar mi vida en Caracas solo por ganarme unos cuatro centavos que se me iban antes de ganármelos .
Pedro Luís: ¿Cómo es eso hermano, si muchos se han ido y por allá están?
Darío: Uno se va a Caracas buscando nuevos horizontes, así lo hice yo, conseguí trabajo en una fábrica de colchones, me ganaba 10 bolívares diarios, 70 semanales y con sobre tiempo ganaba un poquito más, y tose y tose, esas pelusas me ponían mal. Vivía en la Silsa, allá arribota,en el Atlántico me montaba en el autobús, casi siempre parado, con la bolsita donde llevaba la comida colgada al hombro, tenía que pagar la pieza donde vivía, comprar y hacer mi comida, pagar pasaje, lavado de ropas, etc. De tal manera Guicho, que si tenía que comprar algo se me complicaba más la vida, apenas si podía mandarle al viejo unos treinta bolívares al mes, de especial sólo pude comprarme esté paltó que tengo puesto
Pedro Luis: Pero ese sombrero ¿no es de pelo de guama?
Darío: No sé de que mata sacaron los pelos pero yo me lo gané en una rifa en diciembre, con un numerito de dos bolívares que compre en la pata del cerro a un carajo de Río Caribe que creo que ganaba mucho más que yo vendiendo aguacate, mango y cuanta vaina le traía un tipo desde Pto Santo, más allaíta de Carúpano. ¡Qué calentera! -Y se le formó como una cruz de arruga entre cejas. Un día me dijo ese paisano “mira paisano, si yo tuviera una tierrita allá en Río Caribe yo me iría a trabajarla, y no estuviera ganándome aquí una miseria, y ¿cuánto más o menos te ganas diario paisano? Entre 80 y 100 de ganancias” “Miércoles mi hermano”, grité, “entonces a qué me vine si papá tiene más o menos cuatro hectáreas de terreno por ahí por caigua, yo mejor me voy” Bueno, el caso es que así lo hice, preparé mis macundales y cogí camino, llegué a Casanay, hablé con Papá, compré un kilo de maíz de siembra, y si vieras el conuco, está bonito y ya hablé con Jesús Bravo, ya le negocié la cosecha, me adelantó algo de dinero, con eso apertrechamos la cocina. Tengo 22 años, espero tener mi mujercita muy pronto. Me fui buscando un horizonte, allá comprendí que mi horizonte estaba aquí, en mi Casanay.
Nota:
En 1962 empezó mi “peregrinaje”: El Tigre, Cumaná, Caracas…Volví a ver a Darío unos diez años después, lo encontré en Pueblo Nuevo jugando dominó a las puertas de su casa, una casa de vivienda rural, muy acomodada, pintura verde claro, ahí vivía con su mujer y unos seis hijos. Note una gran paz en su rostro, casi no se notaba las huellas que le formaron sus amarguras, ahora el entrecejo era casi liso, en verdad había encontrado su horizonte. Salud hermano.
Categories: None
The words you entered did not match the given text. Please try again.
Oops!
Oops, you forgot something.