¿Sabía Usted?

Si mal no recuerdo fue el primer muchacho en comprar un carro de paseo 

Carmen Rodríguez tuvo varios hijos, recuerdo a Arturo, Cheché, Pablo, Juan e Ines. El papá de Cheché (José Amundarain Rodriguez) era Jesús (Chucho) Amundarain, hermano del maestro Chichí y de Clotildita, por eso se crió con estos dos hermanos, en la calle El Perú, al lado de la casa de José Miguel Tineo, casi al frente de la casa de Chito Pérez. En aquellos tiempos en Casanay existían tal vez tres o cuatro camiones. ¿Carros de paseo? no, aunque ya algunos cargaban pasajeros para Carúpano por la vía de Cariaco en vehículos que de no ser de transporte de personal podrían ser considerados hoy de paseo. El caso es que Cheché, muy estudioso y con deseos de salir adelante estuvo estudiando en Maturín, creo que estudió para perito agrícola o algo parecido. Luego trabajó un tiempo por allá por esos lares de Monagas, reunió algo de dinero y un día se apareció con un carro muy pequeño. Llamaba mucho la atención, más si la costumbre era ver el camión de Teodoro, el de Manuel Ruiz, tal vez el de Julián Caraballo de allá de Guarapiche. El caso es que Cheché apenas llegó a la plaza, muchos jóvenes se acercaron, preguntas iban, preguntas venían. Recuerdo cuando Enrique Cabeza exclamo muy fuerte "¿5.000 bolívares? ¡caramba! pero estás ganando plata de verdad, ¿5.000 bolívares vale ese congorocho?"y Luis Rafael dijo: "con 5000 bolívares se hace una casa". Pero...apenas pasó el momento de euforia, Cheché se monta en su carro, da al encendido e inicia la marcha pero solo se oyó el rechinar de cauchos porque el vehículo no arrancaba y la risa no se hizo esperar ¿que sucedió? pues que los más "mangansones" aguantaron el carro por el parachoques trasero y dominaron la marcha del carro, Cheché mira hacia atrás y esos mamadores de gallo lo sueltan y éste salió como un bólido que casi se mete en la casa de esquina. Claro que Cheché se molestó mucho pero siguió la corriente, se estaciona en la parte delantera de su casa con el frente del carro hacia el río Figuera, al día siguiente el carro amanece mirando hacia la plaza y Cheché dice "ya me están haciendo calentar", pero el día continuó y algunos viajaron con el a Aguas calientes, pasaron el día en Poza azul, cuando era apenas un negocito de Saturnino Alcalá, regresaron en la tarde y parecía que todo se había normalizado pero al otro día el carro no estaba a las puertas de la casa de Cheché quien se llevó un tremendo susto. "Se me trancó el guereguere" había dicho Cheché cuando le avisaron que el carro estaba en el disco de la Plaza (centro). ¿Qué cómo lo llevaron allá? vaya Dios a saber pero cuánto costó sacarlo de ahí. Al otro día el carro amaneció sobre la calzada que era bien alta por cierto. Total que Cheché ya cansado de  juegos tan malucos y de los hacedores de maldad se llevó el carro para Maturín y prefirió venderlo por allá. "¿Debut y despedida?" le dijo Simón cuando regresó Cheché, quien respondió con una palabrota censura Z.

El que siembra siempre tiene

No recuerdo bien pero creo que fue por allá por el año 1955, las lluvias se alejaron, los montes se secaban, vino la peste y las aves de corral se morían por montones. Allá en Santa Marta, las quejas de Genaro Villaroel, Angito Brito, Gonzalo Mayobre, Marcelino Palacios,entre otros, se dejaban oír: "nada que llueve compai", "ni una nube allá arriba", "las acequias se están secando", "ahora son los animales, la peste los está matando" y así, el clamor era constante, casi no se conseguía maíz, Manuel Ruiz tenía un poco, pero el kilo de maíz había subido de seis centavos (0.30) a real y medio (0.75) y si un trabajador ganaba tres reales (1.50) diarios y se compraba un kilo de maíz por la mitad de lo que ganaba en un día, el coroto se había vuelto alarmante. La gente comía arepa tres veces al día, el pan era merienda prácticamente, pero ahora empezaba a tener más importancia: casa de Martina Gil hacían panes, cortados, pan de piñitas y otras meriendas muy sabrosas, en la panadería de Federico "Tamakún" también se conseguía buen pan, pero ya lo hemos dicho, eso "era merienda", la gente quería arepas. El gobierno trató de solucionar la situación con un maíz de grano pequeñito que venía de México, pero ¡que va! las amas de casa decían: "además de caro maluco". Y cada día eran más escasas las posibilidades para los que vivían del conuco. Los que tenían dinero iban a Carúpano, en el mercado solucionaban todo, en el Restaurante Boston, que estaba frente al mercado, las comidas venían con su buena arepa ¿? vaya Dios a saber cómo hacían, pero el que tiene real arregla entuertos con más facilidad. Un día en mi casa y en casa de mis abuelos no había nada para comer y mi abuelo regresó en la tarde con bastimento, como decía la gente de antes. Toma Ediovirgida que el que siembra siempre tiene y del mapire sacó primero unos pepinos silvestres (pepinillos), de esos que se dan en el monte sin que nadie los siembre pero que se los echan a los cochinos, unas matas de pira, también con ellas alimentaban a los cochinos y tres tutueles, en el saco trajo unos ocumos chino, medio raquíticos pero muy sabrosos después de sancochados. Esa noche cenamos un guisado exquisito y una ensalada excelente. Yo le dije a mamá " los cochinos si que comen sabroso ¡verdad! Por los años 80 supe del Dr Kesava Baths, un botánico indiano que hizo vida en Cumaná. El dice que la planta de pira es un gran alimento, que el pepinillo es superior en complementos vitamínicos que el pepino, que la concha de plátano y cualquier tipo de banana (cambures) es superior a la pulpa del fruto. El ocumo chino necesita mucha agua, por eso lo siembran cerca de las acequias, mi abuelo dejaba que crecieran las matas de pira y de pepinillos porque con eso alimentaba a los cochinos. Pero una cosa es cierto, lo seres más ricos son el pescador que apenas con un cordel y un  anzuelo se basta para gritarle a la mujer "prepara el sartén y échale la manteca que ya vengo", y el campesino que escarba la tierra y aparece una yuca, un ocumo, y si levanta la vista los plátanos hasta verde son útiles hasta para hacer bolas de plátano. Por eso mi abuelo tuvo razón cuando dijo "el que siembra siempre tiene!. Buen provecho Casanay. 

¡Qué de cosas cará!

Según parece que él vivía por allá por La Pica de la Maravilla, en su rancho, con su mujer y su hijo pequeñito, y, como acostumbraban por ahí, él salía a cazar cerca de la casa ya que por ahí había una fauna muy rica: conejos, venados, cachicamos, lapas y hasta patos silvestres volaban por esos cielos de La Maravilla, Santa Marta, El Mayar, lagunas de Buena Vista y Campoma. Pero lamentablemente, transitando la década del cincuenta un accidente de caza trajo la tristeza a su hogar. Si mal no recuerdo el juez del Municipio era Manuel María Vásquez, quien requirió la presencia de ese señor para tratar el caso del lamentable incidente, y como sería remitido a la ciudad de Cumaná, él prefirió dejar a resguardo del tribunal el dinero de sus ahorros, las astronómica cantidad de 25.000 bolívares, algo inimaginable para un campesino en aquellos tiempos. Los entregó en una cajita de madera, puro fuertes de plata. El juez le preguntó el por qué de no guardarlo en el Banco de Venezuela de Carúpano, único banco existente por ahí, después de Cumaná. Su respuesta fue la de no confiar en esa gente. Muy pronto regresó a su casa ya que fue un accidente donde sólo perdió él y su familia. Se establece luego en Casanay y con el tiempo se destacó como "curioso", así les decíamos a aquellas personas que se dedicaban a curar mediante oraciones, montes y otras cosas. El curaba el mal de lombriz, parece que atendía casos de locura y muchas otras enfermedades. En la calle Los Indios construyó su casa, como de veinte metros de ancho, con un patio muy grande. Un día, regresando quien esto escribe con un amigo, después de darnos un buen baño por allá por la cooperativa, y nos encontramos con otro amigo de mucho más edad que nosotros, tal vez 24 años, mientras nosotros teníamos unos catorce años. Estábamos en la calle, pero desde ahí podíamos ver el patio de la casa de esquina y el patio de la casa de nuestro invitado de hoy, pues eran patios divididos con telas metálicas, y lo vimos, salió de la casa cargando una caja de madera, internándose en el monte del patio, uno de nosotros expresó: "¿para dónde irá él con esa caja?" "Será que está enterrando real" y nos reímos. Al día siguiente se formó un alboroto debido a que ese señor se encontró con que le habían robado su dinero, enterrado y protegido con una "piedrota encima". La policía sólo hacía que averiguaba, pues le decía que habiendo bancos en Carúpano (Banco de Venezuela y el Banco Unión), el guardaba el dinero bajo tierra. Total de los totales que no se pudo hacer nada. Dos meses después nos enteramos que nuestro amigo había establecido una tienda en Caripioto y le iba muy bien "gracias a Dios, nos dijo Justico, su hermano. La gente comentaba que cómo era posible que ese hombre con apenas 1.20 metros, feíto y pichirre, que se atrevió a insultar al telegrafista quien según él, le había robado el dinero que pagó por un telegrama, ya que él estaba seguro "que ese cable por donde viaja el telegrama era suficientemente duro y no se iba a "enfondar", pero a él no le habían contestado porque el telegrafista se robó el dinero y no envió nada".Siempre tenía mujeres "altotas y buenasmozas", Según ellas venían a curarse y terminaban enamoradas de él. No sé si era así pero, conocí a una señora que vivía con él, muy amargada dijo que solo vino a curarse y no sabía porque nunca se había podido ir, que su familia estaba haciendo lo posible por llevársela, y así sucedió. Tiempos después, muy solo, murió ya bastante anciano, su casa quedó sola, sin un alma, pero con el patio con huecos por todos lados como si hubiesen estado en busca de algo, meses después la casa se vino abajo, nadie comprende como duró tantos años porque no tenía cabillas, pilares centrales ni de esquinas, eran solo paredes con el techo encima. Por cierto, como a mis treinta y cuatro años conocí una tienda en las cercanías del Puerto del Caño San Juan, en Caripito, ahí saludé a aquel amigo que no veía desde mis catorce años.

 

 

Mi Amigo Martín

Martín Faría, un ejemplo de que el amor comienza amándose uno mismo.

Allá en Caricuao, Caracas, Venezuela. En el Mercado, Martín, ya anciano, trabajaba en un puesto de verduras. Nunca olvidó sus 36 años como pescador en el mar de su pueblo, San Juan de las Gardonas, Edo. Sucre. Al llegar el mediodía Martín interrumpía su labor, miraba hacia un lado, luego al otro, mientras decía nada a babor, nada a estribor, señalaba hacia el frente mientras decía si preguntan por mi digan que me fui por aquí, soltaba una carcajada y se iba a su comida. Martín era muy feliz, vivía en un cerro, ganaba muy poco dinero, pero era tan feliz que siempre cargaba una sonrisa como principal identificación. Decía ¿Por qué la gente se molesta? ¿Por qué se ofenden? A mi ni el hambre me echa a perder y se reía, ¡con cuánta gana lo hacía! Amaba a todo el mundo, nunca conocí a nadie tan feliz. Jamás lo vi enojado, jamás se expresaba negativamente de alguien. No exigía. Amigo Pedro, me dijo un día, ¿sabe que es bueno? un pescadito frito, dos tajadas de aguacate y una buena arepa ¿Ha visto usted mejor banquete? Caramba que lejos me queda San Juan de las Gardonas y sin embargo me llega el olor a mar y se volvía a reír, con cierta nostalgia, verdad, pero reía. Hace unos días en sus 96 años, Martín aprovechó el viento de sotavento o el de barlovento, no sé, ya que nada a la izquierda, ni a la derecha lo detuvo, se marchó derechito hacia las mansiones espirituales, la canoa lo esperaba y se hizo a la mar. Nos dejó un ejemplo maravilloso. La risa, el amor a sí mismo y el amor al prójimo.

 

Extranjeros Casanayeros

Desde mediados de los años cincuenta comienzan a residenciarse en Casanay ciudadanos venidos de lejanas tierras, Uno españoles establecieron una fábrica de camisas y pantalones en la calle Colombia. Al principio comenzamos a llamarlos emigrantes y, eran personas que nos lucían muy diferentes, aunque ya desde antes aparecieron unos señores que usualmente cargaban unas maletas y vendían "corte barato", o esa era la frase que más los identificaba. "Corte barato señora", decían al llegar a las puertas principales de los hogares casanayeros, pero les decían turcos, como a los originales de Turquía, a pesar de que la mayoría de ellos era del Líbano y de Siria (países que para la primera oleada de inmigración pertenecían al Imperio Turco-Otomano), algunos griegos y otros, tal vez turcos realmente.Uno de esos señores con su esposa e hija instalaron una tienda donde hoy está la farmacia de Simón García. Luego a finales de los cincuenta o principios de los sesenta, una oleada de italianos llegó al país, así, Casanay ve llegar nuevos rostros como los hermanos Giuseppe y Eduardo Gigante, Emilio, Marino, Palumbo, entre otros. Eduardo permaneció en casanay poco tiempo, Emilio unos cuantos años como administrador del acueducto, Marino unos dos años tal vez, Palumbo formó su familia Palumbo-Henández y permaneció en casanay, digamos su pueblo por adopción, y Giuseppe Gigante vivió muchos años en el pueblo, hasta que se residenció con su familia casanayera en Cumaná, pero ¿quién no conoce a Gigante en nuestro terruño? Se volvió normal  ver llegar personas, ahora no tan extrañas para nosotros. Casanay los recibió - desconozco posibles excepciones-sin rasgos de xenofobia.

Portugueses establecidos en Casanay con panaderías , agricultura y familias casanayeras se "casanayerizaron". Para esta década de los dos mil, ciudadanos de China, posiblemente cantoneses en su mayoría, sino todos. El  caso es que llegaron chinos a nuestro pueblo, se fueron ambientando y se quedaron. Se instalaron con lo que acostumbran como sustento de vida, el comercio de víveres; así, en calle Colombia, calle Ecuador, frente al mercado y en calle Venezuela se suman unos seis supermercados menores, además de un restaurante en calle Venezuela. Es probable que algún síntoma de poco gusto haya dejado esta nueva oleada de extranjeros, pero es innegable, desde nuestro punto de vista que Casanay luce próspero. Hemos podido ver que niños de origen chino han nacido en Casanay, hemos visto chinos pasear por la plaza Bolívar, disfrutar de las fiestas patronales, conversar con casanayeros, aspecto que suele ser extraño en otros lugares donde es muy difícil mirar un chino relacionarse de alguna manera con venezolanos y allá, hasta uniones de parejas hemos observado: un chino, o casanayero hijo de chinos, con una venezolana y un venezolano con una china, o hija de chinos, no tenemos certeza, con autorización o no de los padres. Por eso, con todo respeto hemos intitulado este comentario extranjeros casanayeros. Ojalá nuestro terruño pudiese prosperar en turismo también, principal industria de cualquier país. Ya no seríamos ignorados en nuestro propio estado como sucede con una página web de nuestro estado dedicada a promover el turismo del Edo sucre y donde Casanay figura sólo como referencia geográfica, salvo excepciones con uno u otro balneario lo cual sería ya el colmo. Casanay, tierra de agricultores, artesanos, músicos, poetas, declamadores y más, mucho más.

 

Gracias

Se inició el nuevo año, el 2010, a pesar de los apagones y sus respectivas explicaciones, verdades y mentiras, desde casanay.net enviamos nuestros mejores deseos para todos los casanayeros y amigos de Casanay, y nuestro agradecimiento a todos aquellas personas que nos escribieron, que nos enviaron datos, fotos y buenas intenciones. Gracias Alexander Caraballo, hermano, todo ese año 2009 estuviste cerquita, esos videos excelentes de los hermanos Carrillo fue un gran aporte. Celebramos esa intención tuya de dar a conocer nuestros valores y sentimientos de nuestro pueblo, René Fuentes, desde allá, desde lo EEUU está muy pendiente de sus familiares y de tu pueblo, Sandra, Yelitsa, amigas gracias. Cruz Josefa, ojalá puedas incursionar de nuevo en casanay.net, tus aportes y aclaraciones son bienvenidos, a todos aquellos que aquí no hemos mencionado forman parte igualmente, de nuestro agradecimiento. A todos Ustedes nuestros mejores deseos.

                                                                                                                                                    

¡A Bailar Muchachos!

Éramos adolescentes o ya jóvenes, casi siempre enamorados o al menos nos gustaba alguna de nuestras bellas casanayeras y/ o guarapicheras, hasta de Río Casanay, Juansánches y Cangrejal, a mi me gustaba mucho una muchacha de Cangrejal que vivía, si mal no recuerdo, cerca de los Marcano, me daba un calorón cuando la veía, mis catorce años se estremecían. Venían de todos esos pueblos a las misas de aguinaldo y después rematábamos en El Cabimas, se llenaba la creación de Eligio Velásquez, luego Melecio Millán hizo construir El Moruco y también se llenaba, uno que otro bar estaban por ahí por lugares muy apartados de la plaza, pero cuando mucho en total no pasaban de cinco lugares para bailar y los adultos "tapusarse" de licores. Tiempos después, lamentablemente, Casanay llegó a tener más bares que bodegas. Sin embargo hoy, amigos, como en todas partes en este país, allá abundan las licorerías, pero lo que más despierta nuestro ánimo es disfrutar los momentos navideños. Estamos en misas de aguinaldos, no es que los tiempos se repiten, hoy han cambiado notablemente, pero hay algo que no cambia, el amor y alegría casanayeros, así que a ¡bailar muchachos! como gritaba Domingo Girot cuando animaba las fiestas.

 

¡Epa Casanay! Otra vez navidad

Si amigos. de nuevo las brisas de la mañana traen el ambiente decembrino, los fogones de antaño permanecían calientes, con esa brazas dispuestas al soplo de la madre para avivarse en llamitas que calentaban agua para el café colado, amargo y dulce, dulce y amargo como dice Simón Díaz. Todavía hoy encontramos uno que otro fogón en Casanay, cocinando hallacas, cocinando el dulce de lechoza, dejándolos a punto de caramelo como decía Juana, o abrillantado como los prepara Candelaria. Diciembre de mil amores, el reencuentro en todos los pueblos venezolanos; pero, de verdad que en Casanay da gusto. Leonardo vino desde muy lejos, bienvenido hermano, Yelitza parece que también prepara maletas, René Fuentes se ha reportado, que bueno si sus ocupaciones en el norte le dieran un lugarcito para acercarse. La caravana se está formando y como en aquellos tiempos pasados la migración hacia Casanay "amenaza" con ser abundante,. Me dicen que el sábado pasado, en horas de la tarde, con la brisa de la loma, en la Plaza Bolívar  olía a diciembre, debe de ser que los pasteles (hallacas) estaban en su sazón dejando el guiso escapar su olor. Buen provecho hermanos.

Si pasas por Casanay 

Amigo casanayero, amigo visitante si pasas por Casanay, quédate un poco, respira ese aire casanayero con aroma decembrino. Las navidades se acercan, y eso se respira en el ambiente casanayero, es como la brisa que baja de la loma hasta la Plaza Bolívar bañándonos de tardes frescas y noches mejores. Casanay se prepara, sin decir que se va a hacer, las señoras poco a poco van buscando lo que se necesita para la preparación de nuestro  "pastel navideño", de la comida de pascua.Y, muy importante, el ron con ponsigué que desde meses se viene curtiendo en garrafas y botellas de a litro, guardadas en baúles, escaparates y hasta bajo tierra, como lo acostumbraba Adriano Mata allá en la calle los indios. El chinguirito en Pantoño, sabroso como un buen recuerdo, lo toman para celebrar los miaos cuando una nueva vida llega en el aeroplano de la cigüeña, pero así, en diciembre también el agradable olor del chinguirito hace su aparición. Decía Furruco un día "ajo como estremece el condenado, engrúyalo compadre". Es que no solo fabricaba barriles ese señor sino que bajo tragos de aguardiente y hasta sobrio era alma y corazón del momento que con él se compartía. Casanay con su aire navideño abre sus puertas para recibir el cariño de los hijos que regresan, de los visitantes y del amor que profesamos a nuestro pueblo. Desde ya muchas felicidades hermanos casanayeros y amigos de nuestro Casanay. Por eso, amigo, hermano, si pasas por Casanay comparte con el pueblo. Feliz Navidad.

 

Caminos de Santa Marta (Recuerdos de la Niñez)

"Caminos de Santa Marta, camino, sendero mío, tú que me viste pasar por aquellos caminos, perdido..." Más o menos así comencé una exposición que la maestra de 5to o 6to grado nos pidió para que nos refiriéramos a lo que habíamos hecho el fin de semana. Es que aun el día lunes, día de ese pedido, me duraba la impresión de lo que había vivido el sábado anterior, en esos, mis diez años, se me ocurrió ir para el conuco de mi abuelo allá en Santa Marta, era fácil seguir la ruta natural, no había pérdida, salía del pueblo a través de la calle El Perú, tomar la zona del río Figuera, bajar y subir la quebrada de Juana Márquez, continuar por la calle El Chispero hasta el final, por donde antes vivió Isidro Reina, salir por allá por Pueblo Nuevo, donde Julián Velázquez hizo construir una edificación, la primera de dos pisos en el pueblo, abajo un bar y arriba bailaban, seguir hasta pasar frente a la Hacienda de Ramón Mundarain. Pero al llegar al cruce me detuve, Eliodoro Alcantara, quien vivía por allí en una única casa que llegué a conocer en esos tiempos en ese sitio de carretera, a la izquierda, ruta hacia Cariaco -Caripito, me preguntó que para dónde iba, le respondí "para el conuco". Entonces sigue que ya el sol está caliente, "estoy pensando si irme por dentro o continuar por la carretera", "deja de estar inventando y ve como siempre lo has hecho", pero como mi abuela acostumbraba la ruta por dentro, creí que era fácil, atravesé la carretera y seguí el camino, contento porque por ahí el sol no castigaba tanto, la sombra de los árboles se volvían una bendición, y realmente era fácil, si hubiese doblado inmediatamente a la derecha, derechito habría salido al lado de la casa de Marcelino Palacios, en el mismo camino que me llevaría al conuco del abuelo, pero, creo que ni vi el desvío y seguí por ese camino de río chiquito, donde nunca había estado, y caminé, como si iba para "masnunca" porque nada que llegaba a parte alguna, me metí por aquí, por allá, por acuyá, doblé para allá, luego al otro lado, caminé hasta que no veía camino sino lágrimas, ya los pájaros no cantaban sino que chillaban, y me acordé de la llorona, del hombre que se había ahorcado en Guarapiche, del muerto que salía en la ceiba y de todos los cuentos de muerto que contaban en los velorios, en las puerta de casa cuando se iba la luz de la planta eléctrica que teníamos en el pueblo bajo la atención de Julio, y todo me sonaba como un muerto que me iba a salir, en eso oí una voz a todo "leco", cantando una canción ranchera "va el pastor con su rebaño al despuntar la mañana y... y por ahí siguió, Tarcisio con un haz de pasto al hombro "qué haces porai muchacho" me dijo y siguió "y el pastor ayayaiii, cantaba así", tan embelesado en su canto y tan aprisa, tal vez por lo pesado del pasto, ni siquiera esperó respuesta, y que va, con mis pasos no hubiese podido competir. Seguí caminando, abriendo senderos ya que lo tupido del monte me obligo a llevar un palo para ir apartando montes, el caso es que por allá bien lejos me topé con Casimiro, el comisario de Santa Marta y me preguntó "qué haces por aquí mijó", respondí "voy para el conuco de mi abuelito", "pa'l  conuco", pero si estás en el conuco, en la parte de atrás, sigue por aquí, pero...¿de dónde vienes? "de la casa", contesté, "carajo, pero tan bueno que era tomar la vía por dentro" dijo. Bueno el caso es que por fin llegué al rancho y se estaban preparando para regresar al pueblo, me regañaron porque me había ido muy tarde para el conuco, tuve que salir callado con ellos, y llegando a la casa de Marcelino Palacios dije "tengo mucha sed" y Chuíto, uno de mis tíos respondió, "no pidas agua en los caminos porque entonces te sale un hombre muy tenebroso y te da un vaso lleno de sangre y tienes que tomártelo", buena manera para que los muchachos no se antojaran de pedir agua donde no hay. Por cierto de la casa de mis abuelos al conuco había aproximadamente unos seis kilómetros, así que creo que caminé bastante.Llegué a mi casa con mucha hambre, mucha sed, dolor en los pies y mi madre me dijo "todo el día en el conuco y vienes muerto de hambre, bien bonito.". Bueno son cosas de la niñez

 

¡Qué cosas, no! Que malo es sembrar en suelo estéril. 

Milagros campos clamó por la formación de una brigada de rescate como apoyo para problemas que puedan presentarse. Respuesta: SILENCIO. Jesús López Planchart nos ha hablado en varias oportunidades acerca de una placa de mármol conmemorativa para la Escuela Rafael Ramos Díaz. Respuesta: SILENCIO. Wensis Velásquez nos habló respecto al desarrollo continuo necesario en cuanto al turismo para Casanay y que no se quede sólo en fiestas de agosto o dicembrinas. Respuesta: SILENCIO. Y así se han ido sumergiendo en el amargo túnel silencioso posibilidades de progreso de muchos pueblos, pero, seguros estamos que esa no es la general intención de Casanay sino, cómo explicar el proceso hacia horizontes económicos de abundancia de personas como Eligio Velásquez, Carmelo Ramírez, Simón García, Nicolás García, Jesús Bravo, Luis Visáez, José Dolores Mata, Rafel Millán, Melecio Millán, Xiomara Visáez, Luis José Pérez, Manuel Ruiz, Eugenio Ruiz, Melchor Herrrera, Victor Herrera, Crisanto Herrera, y muchos otros en el campo comercial. Ramón Mundarain (Moncho), Otilio Rondón, Ramón Rondon, Cleto Hernández Rojas, Luis Carrillo, Crisanto Alcalá, Ramón Caraballo, y una legión muy grande de intelectuales, artistas plásticos, artesanos,compositores y músicos, y dulces criollos de los mejores, etc. etc. etc. Entonces, nuestra conclusión es que nuestro recurso humano no es un terreno estéril, algo debe de estar pasando. No es posible que el bonche mueva tanta gente, si sólo es un dinero de temporada, sabemos, estamos seguro de que el dinero constante y sonante está frente a Casanay, tan sólo con abrirle las puertas él entrará, y con él mayor progreso, pero para eso se requieren riesgos, "boluntades" (voluntades) y la mirada puesta en el futuro de nuestros hijos, no tanto en el nuestro que nada mal nos viene soñarlo, pero pensemos en nuestros hijos, nietos y la subsistencia de un pueblo que no tiene la ventaja en ubicación marina, ni fluvial pero si en tierras fértiles, paisajes hermosos y un corazón más grande que la conciencia que deja el olvido, entonces no olvidemos: Casanay merece lo mejor.

 

Nada notables pero como los hicieron notar 

Posiblemente podemos contar aquellos infelices, que en la soledad de su alma, de alguna manera pudieron alcanzar un momento de quietud suficiente como para que un hilo de felicidad los alcanzara. recordemos a Andrés García, Andrés Garza le decían, con la consabida respuesta de enojo de la victima innecesaria de aquellos que disfrutan con el mal ajeno. Andrés garcía, conuquero, padre de familia que por razones aun desconocidas de la noche a la mañana empezó a devanear imaginariamente con la hija del Presidente Raúl Leoni, y como respuesta, las burlas no se hicieron esperar y, personas de respetable reconocimiento en el pueblo hicieron de ese desequilibrio mental una manera de hacerse de forma gratuita, de las frutas y verduras que Andrés producía en su conuco. Esos señores, considerándo "tan sólo un simple juego", aumentaron el mundo de imaginación de esa inocente victima. Alguien se prestaba para redactar cartas, supuestamente enviada por la hija del Presidente Leoni, se la leían, y el"pobre" oía con gran interés, las solicitudes amorosas que la imaginaria novia enviaba a su enamorado, en esas cartas no faltaba el envíame cocos, naranjas, mangos, y etc., lo cual era como un mandato, desde luego que los mismos actores de tales "gracias" serían los encargados de recibir los productos y disfrutarlos desde luego, "ellos enviarían de inmediato la encomienda a tan distinguida novia. Resultado de todo esto: alimentaron cada vez más la locura del inocente, hasta perderse en un mundo muy de él, ante la tristeza de su familia, el dolor de su hija, quien vivía buscándolo, su padre ya no atendía el conuco, ni siquiera se acercaba a la casa familiar, su abandono fue total; hasta su vida, para su descanso y felicidad por fin, se acabó.

Verónico. Desde Río Casanay llegó y se instaló en Casanay, recogía papeles que, según los juegos de su mente desequilibrada tenían mucha importancia para él. Muy inofensivo desandaba por calles y calles, hablando incoherencias, pedía algo de comida, caminaba incansablemente, dormía donde la oportunidad le permitía. No faltaba el grito "Verónico" de los muchachos. Y así marchó su vida. Un día se fue, parece que llegó hasta Caripito, lo llevaron a un manicomio, lo atendieron, pasó como un año o tal vez más, pero un día regresó. Verónico estaba bañadito, bien limpio, ropas en perfecto estado, le pregunté donde estaba, me respondió que estuvo viviendo un tiempo en un hospital por allá por Caripito, que el estaba bien, que quería trabajar, que estaba de pasó pues su meta era Río Casanay, donde estaba su familia. ¡Caramba! creo que en menos de medio día vi pasar a Verónico, lo seguían unos muchachos, gritaban Verónico, sabían que gritar lo hacían perder el equilibrio mental. Lamentablemente el se había acercado por allá por la plaza y los señores de bien empezaron jugando. "¿De dónde vienes? ¿Es verdad que tienes novia? me dijeron que... fulana te está esperando y etc., el caso es que Verónico pasó de nuevo por mi calle, sus ojos ya estaban fuera de enfoque, se perdió por ahí.buscando el paso del río, su instinto le decía que su pueblo era más allá, desapareció por esa carretera que hizo Marengo, por ahí siguió, lo vieron en Río Casanay, dando tumbos, como a los tres meses volvió, recogiendo papeles, hablando incoherencias, como antes, ese era en Verdad el Verónico que parece que le gustaba a algunas gentes, pero, la vida quiso que él tomara la ruta hacia Caripito, quizás buscando la salud mental que un malogrado día perdió porque tomó el camino equivocado. Posiblemente Jesús tuvo razón cuando dijo "nadie es profeta en su tierra". Verónico no regresó, murió en esa ruta, se fue al verdadero domicilio, donde todo espíritu se recupera de sus males.

Caquito. Poco sabemos de él, por allá por los sesentas vivía en Las Varas, era un muchacho muy normal como cualquier otro, no sabemos cuando empezó a culpar a la luna de estarlo vigilando, empezó a cargar palos, luego estaba viviendo por el limón, Caquito, ser inofensivo, siempre por ahí por la plaza, cargando con su vida de "no saber". No sufrió los embates de los otros aunque si ha sido molestado, y el respondía con "me voy del lugar". Nunca se fue, hoy está recluido en casa de ayuda. Quiera Dios que la luna ya "no vuelva a molestarlo", el parece ser un "ícono" en Casanay. Hoy, probablemente, aquellos que disfrutaban con el dolor ajeno han envejecido, se han marchado o ya no están. Aunque nunca falta alguien con esos malsanos deseos.

La cuenta sigue, pero paremos de contar por el momento, solo nombremos a  Pedrito "el loco",La cachimbá", parece que era la novia de caquito el intelectual "mato sin cuevas" che Came", "el pimpón"

 

Anecdota 

Por allá por el mil novecientos y unos pocos años se estableció en Pueblo Nuevo un matrimonio, probablemente de origen canario, de aquellos que llegaron en la Isla de Margarita, y que por necesidades de agua y/o económicas llegaron a nuestras tierras del Edo. Sucre. Ese matrimonio formó una familia de mucho respeto en nuestro pueblo, igualmente,por respeto, debido a lo que contaremos, omitiremos sus nombres. En todo caso pedimos disculpas, solo se trata de que Casanay tiene mucho que contar. Parece ser pues, que la señora de ese matrimonio, a pesar de su pobreza y humildad, poseía finos modales y educación familiar de ejemplo. Sucede que donde vivían, el dormitorio estaba vecino a la calle y todo lo que se decía fuera ellos lo oían en su habitación. Una madrugada, casi amaneciendo pasó por ahí un borracho y sin ningún cuidado lanzó un estruendoso y pestilente gas, que penetró por las divisiones de la puerta incomodando de manera terrible a la pareja que plácidamente dormía, apenas amaneció, la señora fue a la prefectura y denunció al autor de tal acción. El comandante ordena de inmediato la búsqueda del trasnochado personaje y éste, aun ebrio, una vez ante las autoridades y de la acusadora, debió oír de la señora el motivo de la presencia de ambos en la prefectura. "Usted, en plena madrugada, interrumpió nuestro sueño porque se lanzó un céfiro terriblemente hediondo que hasta nos despertó con su bulla y hediondez", "¡un céfiro!, yo me lancé ningún céfiro, "yo lo que tiré fue un tremendo p... ya que me había comido unos frijoles allá casa de Juana, así que ningún céfiro, ni siquiera sé que guarandinga es esa". Demás está decir que las carcajadas no se hicieron esperar, el comandante fue el primero, siguieron los policías, la secretaria, el bedel, solo la señora volteó su cuerpo y se retiro de inmediato, la reunión había terminado.

 

No es de Casanay pero nos parece muy interesante para todos los sucrenses 

 

 

Este lago ocupa un lugar importante en la historia contemporánea de Venezuela. En 1873 el Gobierno Nacional otorga a Horacio Roberto Hamilton y Jorge A. Philips la célebre concesión Hamilton, para explotar el lago de asfalto natural de Guanoco. En 1885 ésta fue adquirida por la New York and Bermúdez Company, más conocida en la historia de Venezuela por sus conflictos políticos y legales con el gobierno de Cipriano Castro, ya que la pretensión de esta compañía era quedarse con los recursos del subsuelo venezolano. En consecuencia el Procurador General de la República, instaura un juicio contra la compañía petrolera por incumplimiento de algunas cláusulas del contrato de concesión y por los comprobados aportes financieros que esta empresa había hecho a los rebeldes opositores para deponer al gobierno de Castro. La demanda fue por un monto de cincuenta millones de Bolívares. Los tribunales de Venezuela condenan a la New York and Bermúdez Company a pagar una multa de 24.000.000 de Bolívares, decisión que provoca la protesta del Departamento de Estado norteamericano y una larga polémica que concluye el 20 de Junio de 1908, cuando se rompen las relaciones diplomáticas entre Venezuela y los Estados Unidos. Es historia sabida que las grandes avenidas de Washington fueron asfaltadas con el material extraído de este lugar. La explotación del lago cesó en 1934.

Para llegar a este lago no es fácil. No hay transporte directo, ni senderismo, ni otro tipo de actividad de rutina que te lleve hasta el lugar. Sin embargo, es un turismo de aventura que algún baqueano está dispuesto hacer contigo.

Antes de la colonización, los primigenios usaron discretamente el petróleo crudo que se les ofrecía en las numerosas manifestaciones superficiales que existen en el norte del Río Orinoco. 

 Extraído del libro: Guía Turística del Estado Sucre de 

Rosendo Acosta (tomado de la pág Orienteweb)

Cosas de temblores 

Ultimamente hemos tenido la visita de movimientos sísmicos que han ocasionado muchos malestares en buena parte del territorio nacional. Lamentablemente, debido a esa falla geológica conocida como la falla de El Pilar, Casanay se ha visto afectado en muchísimas oportunidades por temblores de tierra, y el pánico ha traído diferentes actitudes en los habitantes casanayeros, y como esos temblores llegan sin aviso y sin protesto, cual cobradores de viejas deudas, golpean sin piedad. Por allá por el año 1956, tal vez en el 57, a eso de la una de la madrugada en una noche cualquiera, oscura como boca de lobo, un movimiento sísmico muy fuerte estremeció el suelo casanayero, de inmediato los gritos y las carreras no se hicieron esperar, las calles, la plaza y cuanto lugar abierto hubiese, fue el mejor sitio para buscar protección, pero como siempre, la chispa casanayera nos da algo para el recuerdo: en la calle El Perú, en la calzada que va desde la casa que fue de Luis Batala y familia, donde hoy vive Colacho y familia, se sentaron Domingo Hernández, Alejandrina, Brunilde, Magdalena, María, entre otros. María estaba al lado de Domingo y en esa oscuridad solo se oían las voces y tal vez se divisaba una que otra forma oscura de los conversadores, en una de estas María empieza a contar su experiencia, aun asustada, levanta las manos y dice. "mira Doming", al tiempo que bajaba la mano hasta la humanidad del "coronel" Hernández, cuando tocó sólido, María exclama en grito ¡DOMINGO! y quitó de prisa la mano y las carcajadas sonaron como en una sola voz, resultó que Domingo estaba desnudo, el sismo lo había sacado de la cama tal como él dormia, inocente de la pena ¿Qué fue lo que realmente tocó María? ella se negó a decirlo, pero el grito fue tan grande que hasta tosió. Pero algo parecido ocurría en la plaza, allí un grupo contaba lo que ellos habían vivido, Valentina, como sus dos hijos vivían casa de su padre, vino desesperada a saber de ellos y al pasar por la plaza oyó la voz de Nicolás y se acercó a ese grupo que también parecía oculto de la oscuridad, en el momento en que Valentina se sitúa frente al que hablaba, Chuíto Alcalá activa las luces delanteras de su carro y la luz llegó hasta los conversadores y Valentina grito "¡Nicolas estás desnudo!" al mismo tiempo que Nicolas gritaba "Valente estás en pantaleta". Bueno, son cosas de temblores.

 

Casabe que vuela 

Un 24 de diciembre desde muy temprano en la mañana Alejandrina, Matilde y María empezaron a ultimar los detalles de la comida del día: pasteles (hallacas), dulce de lechoza, etc., y mientras eso hacían se tomaban sus traguitos de vino pasita que cuando se acabó ya el entusiasmo ardía en las seis mejillas de las féminas en encendido "no puede ser, se acabó el vino, pero aquí hay anis 'el mono' , vamos a pelar por él", total que esa liga de vino y luego anis tenían a esas damas practicamente bailando el paso de fortuna. María había estado en la bodega de Teodoro Girot -en esos tiempos en una casa situada al lado del Maestro Tomás Mundarain, creo que en la sala delantera de la casa del Sr Angel Girot-, el caso es que  ella escuchó cuando alguien le pidió al Sr Teodoro que le vendiera casabe y él le respondió "aquí no hay casabe, el casabe voló". Luego, cuando estas tres damas ya estaban jacarandosas, una de ellas dijo "se nos olvidó el casaba, no compramos casabe" a lo que María exclama con voz de engolamiento etílico: "Mató (Matilde) vamos casa de Teodoro que allá venden un casabe que vuela".

A veces son como reliquias en una casa

Todavía hoy recuerdo cuando me fui a estudiar mi primer año de bachillerato en el Liceo Briceño Méndez de El Tigre, Edo Anzoátegui, mi equipaje estaba contenido en una maleta de cuero, de mucho más años que los que yo contaba, mi progenitora la había comprado en la bodega de Carmelo Ramírez, allá en Calle Colombia, hacia Pueblo Nuevo. Ese cuero de la maleta era durísimo. Parece que los artículos que se fabricaban antes eran para durar toda la vida. Si la cerradura se rompía, no había donde comprar otra, y nadie reparaba cerraduras, así que entonces tocaba sostenerlas con las cintas de cuero que la maleta también traía y si no, una cabullita hacía ese trabajo. Pero bueno, no hay que ir muy lejos para conocer esos artículos hoy, allá en San vicente, Parroquia Rómulo Gallegos de nuestro Municipio Andrés Eloy Blanco, casa de Vicenta Salazar, hay lo que posiblemente ya se nombra como una colección de objetos de ayer: una maletota de esas de cuero de verdad, muy duro, marrón oscuro, aun con su cerradura, no sé si conservan la  llave, pero tiene sus ganchos de seguridad, un escaparate que parece ser de madera caoba, aquella madera rojiza muy apreciada y muy cara hoy, utensilios de cocina y muchas cosas más. no me extrañaría si todavía habría la posibilidad de tomar agua de un botijón o una tinaja allá en casa de la Sra Vicenta.

 

 La Mata de Toco

Ahí en la plaza, casi frente a la Iglesia, ahí estaba la mata de toco. a mucha gente le gustaba esa fruta, no sé por qué, a mí me olía muy mal, pero...bueno, gusto es gusto. El viejo Rafael salía a caminar hasta casa de su hija casi todas las tardes, él usualmente salía con su cachucha bien calada, de momento detenía su andar, tomaba la gorra por la visera, levantaba la gorra un poco, colocaba su mano en posición semi-inclinada y con el dedo meñique se rascaba el cuero cabelludo, ya casi sin cabellos, luego bajaba su cachucha y continuaba la marcha hacia su destino previsto. Un día, casi cerrando la tarde, el viejo Rafael pasaba en su caminar debajo de la mata de toco, ella cargadita en frutas muy amarillas de maduras, se detuvo, levantó la gorra y cuando el dedo meñique iba a cumplir con su diaria tarea, cae un toco, pasado de maduro, y se estrella en escandaloso despliegue en el mero centro de su cráneo ¡qué rabia! el viejo Rafael voltea su mirada hacia ninguna parte, buscando no sé que, pero muy molesto, y Rafael Acosta, que por ahí cerca estaba en amena conversación con varios señores vecinos de la plaza dice a voz de cuello. "¡carajo! pero por ahí pasa Jesús Jiménez, Nicolás, Gaspar, Quintín y a nadie le había pasado eso, y no es que tengan mucho cabello, pero que vaina, ¿será que uno no puede usar una gorra ?

 

Farmacia San Vicente y la primera Escuela

Aun hoy recuerdo que en mi niñez visité con mi padre algunos lugares de la zona denominada Los Bajos: Píritu, Los Choritos, Juan Antonio, Santa Rosa, San Vicente, son algunos de los nombres que hoy puedo recordar de esas visitas. Una noche dormimos en píritu, casa de un Señor de nombre Felipe Obis, si mal no recuerdo, allí comimos una cena muy especial, pescado salado asado y arepa raspada, y por supuesto , la compañía de un excelente y grandote aguacate. Dormimos en hamaca y las plagas eran tan tibias que con su pico atravesaban la lona de la hamaca y lo picaban a uno con todo su placer, tuvimos que colocar unos sacos como corchonetas de hamacas. En San Vicente conocí la Farmacia San Vicente de Paúl, me dicen que la casa donde funcionó por muchos años esa farmacia aun existe. Es una construcción de inicios de la primera mitad del siglo pasado, hoy un tanto descuidada, al menos para cuando este detalle me fue descrito, ojalá las autoridades tomen en cuenta este patrimonio de la comunidad de San Vicente y le hagan un cariñito a la casa donde funcionó la primera farmacia de la localidad, Dios quiera y podamos volver a ver esa casa de patio que parecía un conuco por los muchos frutos que allí se daban, esa casa de portal como muy pocas quedan en nuestro municipio, merece ser atendida. Igual opinión tenemos para la primera escuela de San Vicente, por allá po 1959 se funda esa escuela, aprovechando que esa casa era la más apropiada para la enseñanza en niños, ya que su piso era de cemento y no de tierra como era la costumbre y las posibilidades del momento, el deterioro acaba lentamente con ese patrimonio histórico de San Vicente, bien le valdría un poco de atención.

 

A los casanayeros le pasa cada cosa

Cuando salíamos de la escuela primaria si teníamos la oportunidad de continuar estudios teníamos que emigrar. Un grupo a inicios de los sesentas nos fuimos a Cumaná. Entre tantos, Asunción Moreno, Francisco "Chichi" Toledo y quien esto escribe, conseguimos pensionarnos en la casa de la señora Enma Millán, hermana del Sr Rafael Millán. Allí vivimos como en familia, esa tan amable señora y su sobrina -hija de crianza- Iris Marga, fueron para nosotros, lo que significa hoy un bello recuerdo, para ellas tenemos el más grande agradecimiento, como bien recordamos Asunción y yo hace más o menos un año, cuando mi amigo me visitó. Por cierto que recordamos una vez en la que regresaba yo a pie desde el barrio Bolívar de Cumaná, allá estudiaba en el Liceo José Silverio González. Antes de pasar frente al cuartel me desvié por una calle a la izquierda, con intención de cortar camino ya que la calle Rendón, donde vivía, estaba aun muy lejos, una o dos cuadras después del desvío, de un garage salió un perro grandote, pusó sus dos patas delanteras en mis hombros y me ladró en mi cara ¡¡tamaño susto! después se descolgó y se volvió como si nada, pero yo quedé como cajón de palominos. Llegué a la casa y al entrar, Asunción que estaba practicando mateméticas, se queda viéndome y me dice: "¿Qué te pasó? que tienes la cara como cuando uno se desvía cerca del cuartel y sale un maldito perro del demonio, le pone las patas a uno en los hombros y el muy desgraciado le ladra a uno y después se va como si no hubiese pasado nada, el muy muérgano", ¿Qué te pasó? Demás está decirles que todos los de la casa, Iris Marga, Raúl, el millonario ( ambos de Carúpano), Edgar y una joven vecina que quitaba el hipo, se burlaron, se reían hasta más no poder y terminamos nosotros igualmente riéndonos como buenos casanayeros, que dejamo los momentos tristes, de hambres y amargos para ocuparnos en pasarlos mejor.

Dos Anecdotas

1- Parece que Erasmo Tineo, por allá por Pueblo Nuevo, cuando se echaba unos buenos tragos se entusiasmaba en decir que él era el más guapo del pueblo. Según una tarde de esos entusiasmos, con esa voz casi ronca y fuerte, a todo gañote decía "en este pueblo no hay nadie que sea más guapo que yo, nadie como yo, todos son una cuerda de invertebrados ¿?, ratones, yo soy un tipo guapísimo, como yo nadie... y ahí seguía pegado como disco rayado. No recordamos quien, pero salió uno de los vecinos muy molesto, lo tomó de un brazo y zassss, para el suelo, ¡tremendo batido!, Erasmo se pone de pie y vuelva a la carga: "es que aquí nadie es más guapo que yo, y el vecino vuelve, lo empuje y al suelo Erasmo otra vez,  y así, una y otra vez, Hasta que Alejandro Moreno le dice "bueno chico ¿tú como que no ves que este carajo te está machucando? nunca le vas a ganar con esa pea que cargas", a lo que respondiói Erasmo. ¿Y quién carajo te dijo a ti que yo dije que podía ganarle?, yo solo he dicho que yo soy el más guapo de aquí de Casanay, yo no sé porque ese carajo me tiene tan jodío, si no le he hecho nada"

2- Un día estaba Cecilio Carrera, como siempre, en la bodega de Arturo Maiz, entró a la bodega una señora y en el preciso momento de la entrada dijo "caramba, estoy mareadita", "¿mariaíta?, ¿Qué es mariaíta? la gente siempre dice que está mariaíta ¿qué es eso? Arturo responde: "Mareada es cuando uno siente que todo le da vueltas, como si la gente se moviera constantemente". ¿Así es?, responde Cecilio, "entonces yo vivo mariado, porque toda la vida la gente me da vuelta, yo creía que el mundo era así". Parece ser que en el año 48, mi primo Cecilio se echó una rasca que lo mantuvo jumito por más de treinta años. 

¿Dije dos? bueno aquí va otra 

Luis Navarro cuando se tomaba unos tragos era muy ocurrente, decía por ejemplo: "Dios hizo el mundo mal hecho porque por ejemplo, se le ocurrió hacer que los cocos estuvieran allá lejísimo, si un coco de esos le cae a uno en la cabeza lo mata, debió hacer como con las auyamas, están pegadas del suelo, las patillas, los melones, no tenía que hacerlos bien alto y con la concha durísima para que uno no pueda meterse bajo la mata, a mi me parece que Dios no supo hacer el coroto bien", y así muchas cosas. De ahí salió que en aquellos tiempos, ante expresiones que parecieran estrafalarias la gente decía: "tú como que crees que el mundo fue hecho por Luis Navarro"

 

¿Quién fue San Agustín?

San Agustín, el santo patrón de Casanay fue en vida conocido como Agustín de Hipona (Aurelius Augustinus Hipponensis en latín), nació el 13 de noviembre del año 354 en la provincia africana de Numidia (entre los actuales paises Túnez y Argelia) cuando los romanos regentaban la zona.

Aunque de niño no fue bautizado católico, su madre le enseñó las ideas básicas del cristianismo, sin embargo a medida que fue creciendo se fue separando de la formación religiosa que su madre le impartió. Se dedica en su adolescencia a aprender la poesía y se memoriza pasajes enteros de los autores  que le enseñaban en la escuela; a los dieciséis años interrumpe sus estudios y se marcha a Cartago y vive con una mujer cartaginesa con la que en el año 372 tuvo un hijo.

Agustín contaba casi veinte años cuando se encontró con los grandes libros de la filosofía, entre ellos la obra Hortensius de Cicerón, de la cual no se conserva ninguna copia actual pero que gracias a los escritos de Agustín hoy podemos apreciar algunos fragmentos. Posteriormente se inicia en las lecturas de obras religiosas y de primer encuentro no se identifica con ellas. 

En 383 se embarca en un viaje a Italia en donde finalmente pondría final a sus dudas sobre las escrituras religiosas. Agustín se dedica entonces al estudio formal y metódico del cristianismo y luego el 24 de abril de 387, a los treinta y tres años de edad, lo bautizan en Milán al cristianismo.

En el 391 durante una liturgia, la feligresía lo eligió para ordenarse sacerdote, cuestión que al principio se  rehusó a aceptar pero que finalmente ejerció de manera ejemplar predicando a tiempo completo, escribiendo de manera incansable y constituyéndose en un defensor de la iglesia.

El 28 de agosto del año 430, Agustín siendo obispo de Hipona muere a los 75 años de edad.

 

Un mediecito, una arepa y un pedazo de tajalí, buen salario.

¡Cuántas anecdotas aparecen cuando los casanayeros se sientan a conversar! Jesús López P. se refirió con mucho cariño a aquella época cuando Viviano Andarsia era el dueño de la tejería, le dio empleo a Jesús, su trabajo consistía en caletear esa tierra amarilla, cargada de arcilla, que enriquece el suelo del terreno donde estaba la tejería, él tenía que llevar en su burro, esa tierra hasta los hornos de las tejas, un trecho más o menos largo, por su trabajo, incluyendo el burro, recibía la cantidad de 0,25 (un mediecito), una arepa y un pedazo de tajalí, por día, de tal manera que cada viernes recibía 1,25, dos y medio como decíamos antes, es decir, dos reales con medio. La arepa con el tajalí era la comida diaria. Por cierto que después fue Primitivo Rosas quien dirigió los asuntos relacionados con la tejería, fue un personaje muy importante para que Jesús posteriormente marcara su destino: "Primitivo Rosas, a él le debo mi venida a Caracas, aquí estudié, aquí me preparé, aquí hice mi vida", más o menos así se expresó JLP.

 

Nuevo salario

Después hubo un cambio muy bueno, fue contratado para trabajar en el cine, en esos tiempos con los empresarios Eligio Velázquez y Asunción Visáez, como ya lo referimos en LUGARES Y GENTE. Su primer sueldo en el cine fue de 60 bolívares mensuales, apenas obtuvo su primer pago se compró un corte de lino blanco (más de tres metros de tela) en el negocio de Nicolás García, le costó Bs 7.00, y con esa tela se mandó a hacer un liquiliqui con el sastre Evelio Ramírez, lo estrenó en una Semana Santa en San José de Areocuar, pueblo que él frecuentaba, se fue por el camino de Areo - era la ruta hacia Carúpano y pueblos cercanos, en burro o a pie-, como era un viaje muy largo, el hambre apretó fuerte y se detuvo a comer allá en la cima, en una bodega de camino donde pudo comprar un lata de salmón, por 6 centavos (0,30 cems) y un pan. Lamentablemente la vida del liquiliqui fue muy corta, pues después fue a lucir su liquiliqui a Río Casanay, él con una bicicleta y Luis maría Belmonte, su amigo, con una patineta, regalo de su tío Augusto Acosta. Lamentablemente, iba mandado en su bicicleta y no pudo evitar una quebrada abundante en barro de ese marrón amarillo que penetra hasta lo más profundo de las fibras textiles y el liquiliquí quedó cubierto con todo y dueño, no hubo forma de que el traje típico nacional volviera a ser blanco. Total que tanto sacrificio se quedó en una inocente quebrada. Pero bueno, riéndose Jesus continúa y me dice, "esas son cosas para recordarlas hoy con risas" como cuando Manuel "cabo" Mendoza, juez del municipio, le pidió que le hiciera una pancarta relativa al FEI, partido político del Coronel Marcos Pérez Giménez (fue General ya como presidente), para las elecciones de 1952, ganadas por el Dr Villalba y desconocidas por Marcos Pérez Gimenez, el caso es que Jesús hace la pancarta y cuando fue a cobrar su trabajo, el "cabo" Mendoza casi lo mete preso porque según él ese era un trabajo para el gobierno y al gobierno no se le cobra, Jesús tuvo que marcharse con su cara larga, pero en añorada libertad.

JLP se marcha a Caracas en 1954 y para el 68 regresa con un carro FORD LTD  y salió a pasear con su amigo Cheché Moreno. Cheché le pide pasar por la calle La Pastora para invitar a unas muchachas a salir con ellos. Para allá arrancó su flamante LTD, llegan a la puerta de la casa, Cheché se baja, entra y sale muy rápido, "Vámosnos de aquí, las muchachas vieron el carro y dijeron que era demasiado fino para ellas", fue la explicación de Cheché, Jesús aun hoy no sabe por fin que fue lo que pasó, pero la cara de Cheché decía otra cosa.

 

Aquellos que se fueron, siempre permanecen

En una emotiva nota interna que nos ha escrito Jesús López Planchart, referente a uno de nuestros escritos, recordó a aquellos que ya no están físicamente entre nosotros. A ellos, esos casanayeros que tuvieron que retirarse sin que pudiéramos evitarlo, nuestro respeto. Algunos de esos paisanos han formado parte de nuestros relatos, como si estuvieran en el plano físico. Es que siempre están presentes para nosotros, el recuerdo es una permanencia en vida de un ayer vivido y continuado, en la vigencia que les damos con la finalidad de nutrir nuestros mejores momentos con el recuerdo de aquellos que de alguna manera formaron parte de nuestra existencia. Así, más o menos me lo hacía ver Mateo Salazar, uno de los ausentes, pero de quien nos negamos a pensar que no está ya que realmente sí está, basta que hablemos con Manuel Mata, Nicolás Mayobre, Julián Malavé, y con muchísimos de los amigos y compadres de Mateo, de Tero, de Luis María, de Chuíto, de Paquen, etc. Seguro estoy Jesús, que si nos sentáramos en la barra del "Bar Los 13" recordaríamos toda una vida de historia casanayera. ¡Caramba! me parece que estuviera conversando con Gualberto, Eliseo o Mañeco.

 

¡Ah Caramba! 

 

Hace unos días por teléfono, conversaba con un amigo y paisano, salió a colación la página casanay.net. Me dijo mi amigo: "pero..." -¡ah caramba! que cuando hay un pero la cosa comienza a preocupar- me refirió que todo lo que escribíamos era bueno pero que en Casanay han pasado y pasan cosas malas. Respondí que eso es cierto pero que Casanay estaba tan lleno de cosas buenas que no tenemos tiempo para lo malo, además, como en todo pueblo, muchas veces son los mismos habitantes quienes crean las historias y se conocen luego como verdades. Vamos a rememorar unas de esas "historias": Durante muchos años la vieja planta eléctrica nos daba la energía eléctrica entre las 6 pm y la 11 pm, pero había un fenómeno muy particular, allí en la calle Venezuela, en la esquina donde estuvo el hogar Alcalá-Pazo estaba un poste del alumbrado electrico, cuando empezaba a llover, en ese poste se producía un estallido que parecía correr por el cableado y perderse por la ceiba, por su puesto siempre de noche, algunas veces hasta se iba la luz, ¿qué decían muchos? que el dueño de un negocio cercano, hombre muy trabajador y próspero comerciante, trabajaba con el "bicho malo", y despotricaban hasta que se les secaba la lengua, inventando cuarenta mil razones que demostraran sus afirmaciones, desde luego que nunca hubo algo que demostrara cuanto se decía. Esa fama perduró mucho tiempo hasta que, afortunadamente, un día empezaron a cambiar los postes y el cableado y vino la luz del Estado. Terminaron los estallidos, parece que al "bicho malo" no le agradó CADAFE y se fue. Por cierto que el señor de quien estamos conversando, frecuentaba la Iglesia San Agustín, practicaba el fiar, siempre tenía algún empleado, no de su familia, amó mucho su hogar. Hoy ese señr es recordado con mucho cariño y respeto.

Cuando aquellos dos famosos señores introdujeron la prostitución en Casanay, aportaron como mercancía humana a señoras que no se sabía cuál era su procedencia ni sus condiciones sanitarias; el caso es que de la noche a la mañana, en la Botica "Santa Teresita" se agotó la penicilina y tuvieron que buscar en Cariaco, donde también se agotó y la meta fue entonces Carúpano. Según se le oyó decir al farmacéutico de la farmacia 1700, en calle Carabobo, esquina con la Iglesia Santa Catalina, "ah caramba! ¿qué está pasando en Casanay, acaso creen que la penicilina es ron con ponsigué?

Pancho y Chon, eran dos miembros del cuerpo policial, más malos que "guardajumo", pero experimentaron amargamente lo que nadie les deseó, creo yo. Pancho, encendió la mecha del cañón, para celebrar que unos esbirros del régimen dictatorial, estaban de visitas entre tragos y disparos al aire, pero no se percató de lo corto de la mecha y recibió el estallido muy cerquita de su cuerpo, el cual quedó con una mitad incrustada de pólvora, se veía medio luto, y la hilaridad de la gente no se hizo esperar, Pancho no podía accionar pues solo daba vueltas apoyado en un pie para no caerse ya que probablemente el laberinto de su oído sufrió el impacto. De Chon no diremos nada en esta oportunidad.

Fue en aquellos inicios de la década del sesenta cuando finalizó la encomiable labor de la planta eléctrica del pueblo. Una noche, a las 11 en punto, Julio apagó la planta para no prenderla nunca más. Esa fue la orden y así se cumplió. Al día siguiente empezaron a llegar gandolas cargadas de postes y demás útiles para el trabajo eléctrico, que a partir de ese momento quedaba a cargo de CADAFE, empresa de energía y alumbrado eléctrico. Comenzaron a sacar los postes viejos, aquellos que eran de una madera que parecía eterna por su dureza, y empezaron a colocar los nuevos postes, ahora de un material con procedencia en el hierro. Durante tres meses nos quedamos sin vernos las caras en las noches, más que con velas y lámparas, unas de querosén, otras alimentadas con gasolina blanca, ciertamente que estas segundas lámparas las había en muy pocos hogares. Los señores del Cine San Agustín adquirieron un generador de electricidad ya que la función debía continuar. Al finalizar la película la gente se marchaba rápidamente para aprovechar la luz que salía de las instalaciones del cine, la luz se extendía, más o menos, a la izquierda, hasta la casa de Teodoro Girot (hoy de Simón García), al frente llegaba cerca de la Iglesia y a la derecha, un poco más allá de la casa-hogar de la familia Alcalá-Pazo. Durante esos tres meses, en el cine se esmeraron en exhibir películas que "para que les cuento", una de ellas se llamó "Una cita con el diablo", terrible, le encogía el entusiasmo a cualquiera. Detrás de la casa de Chicón, más o menos donde están hoy un negocio de librería y quincalla, y el negocio de Tomasito Sabala, había un solar, y esa noche, cuando terminó la fatídica película, la gente de Guarapiche venía camino a sus hogares, al pasar frente al solar en cuestión, se oyó un ronquido muy fuerte, parecido al ronquido de un cochino, pero un cochinote en este caso, todos salieron corriendo, algunos cayeron, otros se metieron en la casa de esquina, que fue de Armando lares, allí había una lámpara de gasolina, otros siguieron corriendo, atravesaron el paso del río como si pasaban por algo muy plano, pasaron frente a la casa de Centeno, a mitad de carretera Casanay-Guarapiche. Güicho Centeno me contó que él estaba con unos primos contando cuentos en la puerta de la casa, cuando pasó la "jauría", pero no se podía distiguir si eran personas o quién sabe qué. Y cuando en el cine exhibieron "Sombras en la Oscuridad", película que refería la vida del famoso vampiro Barnabás Colin, eso fue para coger palco, la gente empezó a decir que en Cumaná salía un "vampiro" en los lugares oscuros, y le mordía el cuello a las damás que lograba atrapar, las muchachas estaban aterrorizadas, etc., en Casanay, alguien empezó a salir de la calle los Indios, doblaba por la Ricaurte y llegaba a la calle Carvajal (hoy calle Ecuador), ese individuo se vestía de esqueleto era un esqueleto (traje negro con los huesos pintados en pintura fosforecente). Más de una fémina se atacó, pero una noche Josefína O. se escondió y cuando ese "fantasmagórico personaje venía, ella se le echó encima, empezó a machucarlo y Andrés Eloy le gritó "bájate Josefina que tú estás buenísima pero pesas más que el carajo". Josefina le dio unos trancazos y se terminó la fiesta del fantasma esqueleto. Allá en la calle El Perú alguien quiso hacer lo mismo pero... ese caminar Hector, ese caminar te delató mi hermano. Bueno tres meses después de Julio apagar la planta que nos daba una luz amarillenta como cocuyo, brilló la luz de CADAFE, las 24 horas del día, como queremos que dure hoy. En Casanay la luz se va sin pedir permiso, sin importar si es 24 o 31 de diciembre, se puede echar toda la noche, y así, lo cierto es que cuando llego la luz se fueron los fantasmas.

 

Cosas de pueblos 

 

Panza tuvo su bodega allá en la calle Ecuador desde cuando se llamaba Carvajal, pero al lado, en franca competencia, su vecino también tenía una bodega. Eso era un estira y encoge, pero con panza la cosa era más complicada: gallina, pollo o gallo que se pasara para su patio, guisado, sancocho o asado, era el disfrute de ese día en la mesa hogareña. No es desde ahora que en las casas casanayeras, las amas de casa mantienen sus animalitos como una reserva alimentaria para cuando la ocasión así lo reclamara, y, las aves de corral, a menudo se pasan de un patio a otro, regresando luego a casa aunque a veces hacen nidos en patio ajeno. Quien esto escribe pudo vivr una escena por allá por el año 1963 + o -, al vecino de panza se le perdió un gallo, él decía que el gallo saltó hacia el patio de panza y no volvió, aseguraba que panza se había comido el gallo y le gritaba esa supuesta verdad en la propia bodega de panza, panza se ofendió muy feo, tomó un palo de escoba y se fue a la bodega del vecino diciéndolo cuarenta mil barbaridades y le lanzaba palazos al vecino que se escondía debajo del mostrador, brincaba, se apartaba, se agachaba, etc., el caso es que "la fiesta terminó" cuando el palo se volvió astillas, Panza se retira pero peleando a toda lengua, sin freno con las palabrotas,muy desbocado "el Pobre". Entonces interviene su mujer diciéndole "bueno chico, ¿qué es lo que pasa? ¿no te vas a calmar" ¿cómo me calmo, no ves que me acusa de robarle un gallo, acaso yo fui a su casa a robarle gallo a él?", "¡caramba vale!" responde su mujer, "si aquí gallo, pollo o gallina que se pasa, tú lo agarras y lo mandas a preparar". Panza dijo "es que animal que esté en mi patio es mío y yo me como lo mío, lo que me calienta es que él dice que yo me comí su gallo como si yo hubiese ido a su patiio". Yo me retiro y cuando paso frente a la bodega del vecino éste estaba diciendo, claro él no va a ningún patio a robar gallinas ni gallo, pero todos los días bien tempranito echa maíz en su patio sin tener animales, lo único que le falta es decir "pi pi pi ipi piiiiiiiiii".

 

Y hablando de política 

 

Cuando fue derrotado el régimen de Marcos Pérez Jiménez -recuerden que es la memoria casanayera lo que importa- Casanay amaneció con un grupo de connotados señores encargados de la autoridad del pueblo y los que hasta el 22 de enero en la noche habían ocupado esa posición, ahora estaban presos o solicitados; los muchachos, desconocedores de que era lo que en realidad sucedía aprovechamos el hecho, de que al carecer de policías en la calle, las matas de tamarindo, cotoperiz, cerecitas, uveros... aquellas frutas que abundaban en la plaza, quedaron a la ley de ballona, y ese fue un día oportuno para saborear nuestro frutal de la Plaza Bolívar, sin correr el riesgo de tener que pegar la carrera de la huída o caer preso, ya que las autoridades no respetaban, en lo absoluto, que fuesen niños, los únicos que por cierto, tienen el derecho a equivocarse y subir, por ejemplo a la mata de tamarindo. Equivocación sería por ejemplo si lo hiciese matona, y lo hizo, y conste que ya era un manganzón. Cuando bonilla le dijo estás preso, desde la mitad de la mata, frente al antiguo cine San Agustín, matona grito "¡carajo! y es que uno no se puede comer un tamarindito, ¿eso no es mucho para ustedes?" Matona tenía razón, los que mandaban "comisionaban" a los policías a bajar los tamarindos, mientras muchísimos bebían agua sola, unos pocos bebían fresco de tamarindo sin que nadie lo hubiese castigado por "robar" tamarindo en la plaza del pueblo casanayero. Ese 23 de enero muchos "pescamos" una dentera muy grande.  Morocho Cotinez, sentado en un banco de la plaza miraba hacia la policía diciendo "que vaina José Felipe" ahora quien me dará trabajo, pero después de ese día, morocho, hombre bueno y sencillo, trabajo como policía  o mandadero en varias oportunidades.

 

Recordando la Quinta "Los 13", me acordé de Pedro "Tolú"

 

Allé en la Quinta "Los 13" de Jesús López Planchart, en el Bar "Los 13", muchos recuerdos salieron a la luz: las visitas a la poza "le yegua", allá en las Varas, el río Figuera, las casimbas, en la ceiba, Río Chiquito, etc. Uno de los asistentes casanayeros dijo:"¿se dan cuenta que en Casanay por los cuatros costados había agua, el río corozal, que viniendo desde Nva Colombia, Río Casanay, Guarapiche, bordea al pueblo por la parte este-norte, por el sur las aguas que vienes desde la loma, se unen a las casimbas hasta empatar con el río Figuera para bordear por donde se pone el sol hasta la laguna?" "¡Qué aguas tan sabrosas!¿verdad?" Sí, y que tiempos tan sabrosos, como diría Pedro "Tolú" (Pedro González), aunque vivía en Carúpano iba constantemente a Casanay, vendía Jarabe de Tolú, ese jarabe vegetal de fabricación casera, muy bueno para combatir la tos y males de pecho. Muchos son los poemas humorísticos que rápidamente improvisaba Pedro "Tolú" en cualquiera de las bodegas del pueblo, a veces para molestar a algún vecino, tal vez a manera de burla por la situación económica, o por la muchacha bonita que en ese instante pasaba, el caso es que bueno son los recuerdos cuando la sana ocurrencia nos hace reír, y eso sucedía con ese señor, vendedor de jarabe para la tos. Hoy, su hijo Pedro Luis González "Tolú", como el mismo firma en sus artículos de prensa, rinde honor a su padre, con sus poemas y comentarios. Creo que fue en el diario "El Nacional" donde un día leí, bajo unos de los poemas de Pedro Luis Gonzáles "Tolú", hijo, algo parecido a esta reseña: 

Prof. Pedro Luis Gonzáles "Tolú"

Cargo que ocupa: Director del Dep. de Idiomas del Instituto Pedagógico de Caracas

Dirección de trabajo: Inst. Pedágogico. El Paraíso, Caracas. 

Residencia: Isla de Margarita

Me pregunté ¿Cómo puede trabajar Pedro Luis en el Pedagógico en Caracs y residir en Margarita? Bueno, salidas de Pedr "Tolú".

 

Brigadas de rescate y auxilio

 

Milagros Campos nos da una idea genial, crear en Casanay una brigada de auxilio y rescate, nos ha parecido una excelente idea. Nuestra memoria ha viajado en ese tiempo casanayero, en ecuentros con realidades que nos ha mostrado la necesidad de un auxilio inmediato y que por carecer de ello, las angustias han mermado la tranquilidad de personas, familias y comunidades completas. Recordemos por ejemplo la razón de la existencia de una calle que durante muchos años se le dominó "El Chispero", pues ahí, desde un humilde fogón, se saltó una chispa, tomó las caratas de la vivienda y la fuerza del viento se encargó del resto, se incendiaron más de veinte casas, murieron muchos animales y se colocó en en la mayor perturbación a los vecinos aledaños, y en la otra calle, desde las esquinas de la familias Caripe y Ramirez hasta Pueblo Nuevo y Cantarrana, el temor a las lenguetas de fuego, cada vez más altas, amenazaban con extenderse. Y ¡qué hablar de cuando el Río Corozal crecía! Recordemos cuando allá en el paso del río, no estaba ni la batea, el río aumentó con fuerza inesperada su caudal. lamentablemente pasaba por ahi el "ñeco" en su camioneta ranchera y el río se lo llevó muy lejos, cuando lo encontraron éste estaba encima del carro y gritaba "bueno hijos de la madre ustedes como que pensaban que yo iba a vivir aquí", claro después de tres o cuatro horas, en la soledad creciente de tiempo y agua, debido a la falta de rescatistas, me imagino que el "ñeco" pensaba que ya no iba a jugar más truco allá en el maco. EXcelente idea la de Milagros ¿Quién se anota?, desde ya GRACIAS.

 

Día de las madres 

 

Cierto domingo de mayo, en mis doce, más o menos, asistí a la Antigua Iglesia de nuestro pueblo, a la misa, que por ser día de la madre, tenía carácter especial. El Padre Antonio Alarcón "discursó" un sermón, que en opinión de muchos de los asistentes, fue un sermón muy emotivo. Debió ser cierto porque lágrimas de rostros femeninos y masculinos, se dejaron salir de rostros llenos de brillos y otros llenos de tristeza. Como niño, yo no entendía la emotividad reinante, pero si me llamó la atención que algunas personas llevaban una rosa roja y otros una rosa blanca, le pregunté al Sr Domingo Alfaro, celador de la Agencia de la Renta de Licores, el por qué de la diferencia en las rosas que adornaban ojales de vestidos de damas y caballeros, su respuesta se refiró a rosas rojas por las madres vivas y rosas blancas por aquellas que ya se habían marchado, pero siempre vivas en el corazón de los hijos, que como él, mantenían un ladito muy especial en el corazón para la más importante mujer de sus vidas, la MADRE, alma y corazón del SER. Entonces comprendí,  porque cuando el padre Antonio se refirió a su madre biológica, su madre Málaga y su madre España, su voz quebró en una bendición de segundos de silencio, Domingo Alfaro dejó brillar sus ojos que estaban tristes, al recordar a su madre y mi madre dijo: es una bendición para mi tener a mi madre viva y se abrazó con su comadre Francisca Antonia de Pérez.

 

Que recordar es bueno

 

Hace unos días conversaba con mi compadre Manuel Mata, respecto al Casanay de ayer y el de antier y el de quién sabe cuándo, el caso es que salió a relucir que en Casanay, entre los años 1958-59-60, llegaron muchas personas de otros lugares venezolanos y de otros países, principalmente italianos y españoles, además de algunos árabes que vendían ropa de puerta en puerta, fiaban para ser canceladas en cuotas semanales. A estos les llamaban turcos, no importaba que no fuesen de Turkía, lo que importaba era que venían con una maleta en el hombro y decían "corte barato señora". El caso es que con la compañía "Caminos", constructora de la carretera Carúpano-Caripito y la compañía "Niarca", empresa que asfaltó la carretera, llegaron nuevas caras al pueblo, les decíamos "los inmigrantes". Unos de ellos, no recuerdo su nacionalidad, crearon en calle Colombia una fábrica de ropas, hacían camisas y pantalones cortos, algunas mujeres casanayeras trabajaron en esa fábrica. Esa empresa de costura estaba ubicada en la cuadra que comienza, hacia arriba, en la casa que fue de Marcelinito, frente al Bar Cabimas; unas casas más allá, después de la casa de Gerubina Hurtado, se establecieron, creo que es la misma casa donde con el tiempo, se inició el hogar de Cristobal y Juanita Hernández, hija de Domingo Hernández y Alejandrina Rojas, sí, la primera intérprete de la canción "De Casanay". Cristobal fue de aquellos trabajadores que vinieron con la "Caminos" y se unieron luego con casanayeras, algunos permanecieron, otros se marcharon con el tiempo. Igual sucedió con la llegada de la Guardia Nacional al pueblo y con aquella gente que vinieron a construir la primera urbanización, le llamábamos Barrio Obrero. El caso es que a  ellos se deben las familias Gigante-Millán, Palumbo-Hernández, Rojas-Villaroel, Aular-Ribas, Barrientos-Visáez, González-Brito y tantos otras familias que en estos momentos se escapan de la memoria, pero que con todo respeto ocupan un lugar en el recuerdo casanayero.

.

¡Cuanto respeto había! 

 

Antes parecía que RESPETAR era un mandamiento. Me cuentan que probablemente fue en el año 38 cuando el Sr. Luis Aguiar, ocupó en nuestro pueblo el cargo de Jefe Civil. El Sr José Villalba, era el policía más temido en ese momento, era un terror, según me cuentan, aunque no golpeaba a nadie, su sola presencia imponía respeto y el silencio de quienes de alguna manera intentaban alterar la tranquilidad ciudadana. No golpeaba a nadie solo miraba, con una mirada que taladraba y esa frase que no gustaba. "tiene que acompañarme", y para el calabozo. También el Sr Luis Aguiar imponía un respeto ni que para que les digo: "esto no se debe hacer" y santa palabra, "esto se hace" y sacrosanta orden, pero jamás fuera de la ley. Me relataron por ahí, que una joventita muy espigada, pero en sus diez, estaba en el patio de su casa y un hombre, de apellido Oliveros, a través de la empalizada y el monte vecino, la llamó y le dijo que viniera calladita, esta niña respondió "ya voy", espérame, corrió rápido a la sala y le contó eso a su padre, éste le dijo "trata de hablarle un momento para distraerlo", y salió a la puerta, le hizo señas al Sr Luis Aguiar, le habló muy rápido de la situación e inmediatamente el Sr Luis se dejó ir por el montecito cercano y tomó a Oliveros por el cuello, lo estremeció y lo llevó a la policía donde estuvo detenido en un calabozo durante tres días, Oliveros comprendió que ya no podía seguir viviendo en el pueblo, ya se había manchado. ¡Cómo han cambiado los tiempos cará!

 

El Vendaval

 

Por allá por 1934 o 35 el oriente del país fue estremecido por un viento muy fuerte que arrasó con todo lo que a su paso encontraba. En Casanay arrancó árboles desde sus raíces, los techos de cinc volaban por los aires y los encontraban muchas veces tan lejos como en la ceiba, cuando habían sido arrancados en la plaza, en boquerón casi no quedo casa con techo y muchas casas destruídas, desaparecieron muchas gallinas y otras aves de corral, las aguas que siguieron junto con el viento ahogaron muchos animales, el río de la ceiba, donde por cierto encontraron varias culebras de agua de esa que llamaban guiria, estaba lleno de escombros. Guarapiche, Ríocasanay, Juansanchez, Cangrejal, todos esos pueblos sufrieron ese embate, el camino hacia Cangrejal quedó tapado durante días, allá en Cangrejal la ruina fue muy grande, el vendaval acabó con los campos y animales de cría. Antonia María Carrera, quien había viajado por Las Antillas, donde más conocen de esas situaciones dijo: "esto es un ciclón, esto es más que un vendabal, es un ciclón, hay que protegerse muy bien" y muchos así lo hicieron.

 

 Conucos en el pueblo

 

Nuestro Casanay siempre fue un pueblo mayormente agrícola, basta que llevemos la memoria hacia los alrededores y encontraremos que haciendas, conucos, fundos o un terrenito por ahí, daban vida a un pueblo pequeño, tranquilo, acogedor, que dormía temprano y madrugaba para la faena diaria. Algunos iban un poco lejos para su trabajo de la tierra, por ejemplo a Santa Marta iban cada madrugada, Angito Brito y Genaro Villaroel, calculo que viajaban unos seis kilómetros cada día, para llegar a sus respectivos conucos, otros iban más cerca, a Río Chiquito (Caigua), a Pueblo nuevo, la haciendas de Ramón Mundarain, la de Teodoro Girot y la de la familia Rodriguez Mata. Pero, tal vez sin darnos cuenta, el pueblo creció y algunos de esos conucos desaparecieron o quedaron dentro del pueblo, o están casi en el pueblo. Veamos: al pasar el banquiao estaba el terreno de los Moreno y frente a ese, un enorme terreno que comienza muy cerca del banquiao y se extiende a lo largo y ancho hasta el piedemonte de la montaña que los muchachos de ayer denominábamos "la loma", ese terreno perteneció en el pasado a Primitivo Rosa (la tejería), cerca del banquiao, donde termina la calle Bolivia, antes calle La Pastora (parece que ese nombre se le debe a Pastora Sanchez, de las primeras vecinas de esa calle), está un terreno que fue de Nicomedes Visáez, allí había un tanque donde almacenaban agua para el regadío, pero que algunos muchachos aprovechábamos para quitar el calor, al final de la calle Caracas, hacia el maco, estaba el conuco de Julio Tineo, allá donde termina hueco frío, nos encontrábamos con el caney de José Miguel Tineo. En la calle Ricaurte, en un terreno de la famila Ortega (descendientes de Chano Ortega), esquina con calle Araure (calle los indios) aun hay un conuco, ese terreno también es (¿o fue?) de los Ortega, por allá por donde está la medicatura y algunas urbanizaciones, fue un conuco de la familia Ruiz, "la quinta", al final de la calle Araure Antonio Maiz (panza) tenía su conuco, mucho antes de finalizar hoy la calle Venezuela,. varios conucos también daban vida al pueblo, aun quedan algunos por ahí, hacia donde estaba el hoyote, como las tierras que fueron de Tomás Manuel Carrera, las de Visitación Pineda, detrás del mercado, en la calle Venezuela hubo un terreno que aun recuerdo, fue atendido un tiempo por Chumaría Carrera y en otro tiempo por Angito Rojas, muy cerca del antiguo cementerio se encontraba la hacienda de los Faria, también allí había un enorme tanque, si caminábamos hasta el final de ese conuco, entrábamos al terreno de una hacienda muy productiva que fue de Angel Centeno, si seguíamos por allí salíamos a la cocina de la casa de Centeno y el frente daba a la carretera Casanay-Guarapiche. Si por ahí nos regresamos a Casanay, encontramos varias parcelas que hoy poco a poco van dejando paso al crecimiento, pasamos el puente (antes el paso del río corozal) y continuamos viendo terrenos de cultivo. Frente a la casa de Carlota, donde también vivió Carlota muchos años antes, hay un inmenso terreno que fueron conucos de varias personas, hoy se ve la construcción de casas ahí. Como hemos detallado, muchos de esos conucos quedaron prácticamnente dentro del pueblo convirtiéndose en urbanizaciones, otros están en el perímetro de Casanay y mañana tal vez también serán asimilados por el progreso.

 

"Pedrito el loco"

 

..."Mira lo que me encontré/ por andar agachadito/ una guayaba madura/ picada de un cristofué./ Dame la media rosca mamá/ dame la media rosca papá/ dame la media rosca/ que me la des/, que me la des"...Así pasaba por las calles, siempre cantando...Según, vino de Ríocasanay, tal vez de Guarapiche, lo cierto es que por mucho tiempo estuvo viviendo en Casanay. En las entrepiernas cargaba una pelota, de ella especulaban mucho, decían que era una hernia inglinal, probablemente un testículo tumorado, pero algunos opinaban que era una bolsa donde cargaba todas las monedas que le daban. El caso era que él iba y venía, con su caminar brincandito, pedía algo de comida o dinero, y seguía su ruta. Por un tiempo se perdió de Casanay, estaba viviendo en Cariaco, en un bosque conocido como la ceiba, lugar donde antiguamente pasaba el cauce del río Carinicuao, diariamente caminaba por los lados del vecindario, Vallera, Balán, Petra Villaroel y otros le hacían una atención: una arepa rellena, pan, pescado con arepa. Al llegar la noche se internaba en el bosque, ahí dormía, ese era su refugio. Al amanecer volvía: "...dame la media rosca mamá/ dame la media rosca papá, dame..." los muchachos le echaban bromas, algunas veces se molestaba, otras permanecía en silencio o se retiraba, de vez en cuando regresaba a Casanay, ahí vivía parte de su familia, en la calle Ecuador, cerca de la plaza de la Iglesia. Los muchachos decíamos "allá viene Pderito el loco", pues a lo lejos se oía: "...mira lo que me encontré/ por andar agachadito..."

 

Ironías (un relato como cualquier otro, sin alusiones personales)

 

Parece que fue por los años cuarenta cuando por fin estableció un negocio propio, fue una pequeña bodega, la hizo crecer, trabajó mucho, pero creció desmesuradamente la ambición, y recurrió a lo que fuese necesario, según él. Visitaba en San Roque, lugar muy cercano a Carúpano, a una señora que según algunas personas, se dedicaba a las artes oscuras; al parecer dicha señora le proporcionaba los mecanismos para defender su negocio, combatir la competencia y aumentar sus ganancias. Les dio empleo a varias señoras cercanas a su negocio, desgranando maíz, les pagaba dos bolívares diarios, entre esas señoras estaba su propia madre, quien se veía en la necesidad de trabajarle al hijo para poder llevar el sustento a la casa. A esas señoras, cuando sus energías amainaban, les daba a beber un cuarto de vaso de vino pasita, para así levantar sus energías. Alguna vez se le oyó decir a su progenitora: "yo no voy a tomar nada, tú lo que quieres es que trabajemos como esclavas". Al mostrador estaba su sobrino, encargado de todo, trabajaba desde la mañana hasta la noche. Ellos acaparaban mercancías, como la leche en polvo entre otros rublos, cuando en el pueblo no se encontraba ni una perolita de un cuarto de kilo, entonces allá como por obra y gracia aparecía la leche hasta de latas de dos kilogramos, pero para que le vendieran una de esas latas usted tenía practicamente que hacer mercado en ese negocio. Su sobrino, quien ya se comportaba igual que el tío, salió de allí muy mal, sin prestaciones, enemigo, etc., tuvo que dedicarse a manejar un vehículo de pasajeros en la ruta Cumaná-Casanay, con el tiempo se fue a vivir creo que a Cumanacoa. Uno de los hijos no legítimos, que fueron varios, de este señor comerciante, fue trabajador ambulante de su padre, solo surgió cuando empezó a trabajar por cuenta propia, sus hijos legítimos se trasladaron a trabajar o estudiar a otros lugares y por allá se establecieron. El no confiaba en nadie, se codeaba con mucha gente de poder, se reunían alrededor de mesas con exquisitas comidas y excelentes bebidas, llegó a una edad muy avanzada aunque por muchos años enfermó, sufrió mucho con sus males, y un día tuvo que marcharse definitivamente. Alguien me dijo que se fue junto con su negocio, que esa edificación solo es hoy una casa abandonada, desconchada, castigada por el tiempo, allí la brisa bate con tristeza, ahí hasta el recuerdo se ha apagado. 

 

Es que eran medias medias

 

A veces pienso que la pobreza es una riqueza y que le sencillez nada de pobreza tiene. Benito G. se crió junto con su hermana y hermano, papá y mamá, en un hogar muy humilde, allá en Hueco Frío. Me contó Benito -no te molestes hermano por mi relato de ahora, es mi cariño de amigo que me hace escribir- que entre las cosas que le sucedieron estaba la de ir a la escuela aunque las condiciones por lo general le fueran  adversas. Un día, por fin puede ir a cortarse el pelo, su pelo es de aquellos que llamamos ñaí. es decir pegaditos del cráneo, pero estaba tan peludo que ya le había dicho la maestra "Benito si vuelves a clase con ese pocote de cabello, al salón no entrarás", "pero maestra","cállate, no entrarás y san se acabó". Benito no quería perder clases y de todas maneras, al día siguiente ya bañadito, se acerca casa de Adolfo, su amigo, éste le dice, para que no te saquen de clase, échate brillantina palmolive que está ahí en la mesa, Benito no conocía la brillantina palmolive y encontró en la mesa un frasco con algo espeso y se lo echó en su cabello, se peinó y quedó como Gardel. Se va al colegio, entran a clases y Benito siente que algo le hala el pelo lentamente desde la frente, los compañeros de clases comienzan a reirse y la maestra al ver a Benito le pregunta ¿Que te pasó en el pelo, si casi no se notaba que estabas peludo ahora parece el cerro de Areo? Benito se tocó el cabello, que tenía como 20 centímetros de alto y tieso, Adolfo le preguntó ¿Qué fue lo que te echaste en el pelo? "Brillantina", contestó, "¿brillantina, eso es engrudo, no ves que estaba pegando el trabajo de la escuela, la brillantina huel como a picha de comer, eso es engrudo". Por su puesto que la risa era tan grande que a la mestra no le quedó más que darle un bolívar para que fuera casa de Juan Planchez a pelarse, bueno como les decía, por fin Benito pudo cortarse el pelo.

También me relató Benito que un día en clase a uno de los compañeros se le perdió un real, la maestra ordenó el registro de todos los compañeros, no quedó libros, bultos y bolsillos sin registrar y nada, no apareció el real, así que la maestra dio otra orden, algo muy terrible para Benito, quitarse los zapatos, Benito no quería hacer eso y la maestra le dijo que si no obedecía podría pensar que él era el autor del delito, Benito le respondió "esta bien maestra, pero Ud. será la culpable de mi desgracia", se quitó los zapatos, pero una de sus medias solo llegaba un poco más abajo de sus tobillos, el resto de su pie estaba desnuno, la otra media era algo más larga, llegaba hasta el talón, ¿y el salón?, para qué les cuento.

 

En aquellos tiempos 

El Cine San Agustín exhibía excelentes películas, aunque las películas mexicanas eran las más acostumbradas, no obstante podemos decir que nosotros en casanay, en ese ayer, conocimos el cine clásico mexicano, difícil hoy de conseguirlo. Pero también llegaban allá buenas presentaciones del cine estaounidense, como las series de los días viernes, Hoklahoma Territory, las películas que reflejaban las guerras de los ingleses contra los indios durante la penetración y conquista del territorio que está al norte del Río Grande, como El Ultimo de los Mohicanos, etc. Recuerdo que una noche exhibieron la famosa película Gerónimo. Ese indígena norteño fue un dolor de cabeza para los conquistadores. Pero el caso es que el cine San Agustín se llenó esa noche. Adriano M., quien nunca había querido ir al cine, por fin se convence y por primera vez, no sé si la única vez, va al cine. En un momento de la presentación cinematográfica, Gerónimo sale en el centro de la pantalla y dispara con toda su fuerza una enorme lanza, que aparece solita en la pantalla como si viniera hacia uno, Adriano pegó un grito enorme: "Ay mi madre" y salió corriendo y logran detener su carrera en el centro de la plaza, alguien pregunta: "¿Qué te pasó Adriano?" y él respondió: "tantos carajos en ese cine y el indio del demonio ese se vino a antojar de mi".

Buenos esos aguacates 

Teodoro tenía una hacienda, aunque más se le encontraba en su bodega. Cierto día Teodoro llevaba unas cuentas en su escritorio -esos escritorios de antes tenían un espacio como una mesa de sesenta centímetros de ancho, de ellos, treinta cms eran mesa y treinta formaban parte de un alto compartimento donde guardaban papeles, lápices, etc.-, Teodoro escribía cuando llegó uno de sus hijos con dos buenos aguacates, tal vez de medio kilo cada uno; "papá", dice el hijo, "mire, dos aguacatotes, ya están madurando los aguacates". Teodoro toma los muy bonitos aguacates y los coloca en el tope del escritorio, "muy bien, para cenar", contestó y sigue escribiendo, pero al escribir va moviendo el escritorio y con él los aguacates, uno de ellos se cae y Teoodoro lo toma, y lo coloca en el mismo sitio, vuelve a escribir, se mueve otra vez el ecritorio y vuelve a caer el aguacate, se repite por tercera vez la escena y al suelo, de nuevo el aguacate, Teoodoro se pone de pie, levanta su pie derecho, lo deja caer sobre el aguacate y tap, lo aplasta, lo coloca en el mismo sitio y le dice "cáete pues, vamos a ver si ahora te vas a caer, vamos aver si eres tan tibio pa' caerte" 

Así era la Semana Santa

Esas si que eran santas de verdad, desde el lunes el ambiente se tornaba diferente a los días anteriores, y en la medida en que avanzaban los días más silenciosos se volvían, al llegar el jueves santo, las actividades de la cocina se detenían al mediodía. Las amas de casa, ese jueves santo, preparaban la masa para las arepas, hacían bollos suficientes y los sancochaban, ya no se tocaría más la cocina hasta después del mediodía del sábado. No se barría, no pilaban, no cortaban, no se bañaban en ríos, mucho menos en la playa, se había iniciado el luto por la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Desde el amanecer del día viernes, solo se oía el el lento repique de campanas anunciando la desaparición física del Hijo de Dios. Todo se volvía triste. El cambio se experimentaba desde el Sábado de Gloria culminando con el Domingo de Resurrección. ¿Qué pasó que todo cambió? No sé, posiblemente alguien descubrió que por bañarse el viernes santo no le salía escamas a uno como estábamos amenazados.

Viene el carnaval

El carnaval o los carnavales como le decíamos los muchachos de antier y de ayer ¡buenas esas fiestas! y peligrosas también. En nuestro Casanay celebrábamos esas fiestas con mucho entusiasmo, diferente a los adultos pero gozábamos un mundo. Desde muy temprano en la mañana nos disponíamos a mojar a todos aquellas muchachas, o muchachos si el turno era de las damas, que "osaran" pasar cerca de nuestro escondite, detrás de una mata o de una puerta, detras de un carro, etc., el caso es que la genialidad se asomaba a la velocidad mental como premeditando la agradable maldad que estabamos a punto de cometer, salíamos en grupos a mojar por todas partes, pero para nuestra sorpresa, de golpe aparecían unos ya no tan muchachos que como hordas visigodas entraban en las casas, bañaban y tiznaban a tutilimundi, dejaban a sus victimas blanquitas de talco, blanco de zinc y quien sabe de que otra sustancia se valían, claro sucedía la contraparte como es el caso de Margarita Bello, ya cansada de tantos baños el mismo día, como doce baños desde las nueve de la mañana a las dos de la tarde,  preparó un pipote lleno de agua disolviéndole en buena cantidad cenizas y cal y se escondió detras de la puerta principal de su casa para mirar a través de la endija a cada uno de los pasantes para convertirlos en blanco de su ahora diversión de "dulce venganza", no se le escapó nadie, ni los niños que solo íbamos tal vez a comprar café y papelón en la bodega de Loño, muchos salimos a bañarnos de verdad porque esa mezcla picaba y ardía con fervor. Pero ¡qué cosa! a las cinco de la tarde ya estábamos bañaditos como Dios manda y en la puerta de la casa esperando que pasara la carroza lanzando pichas y muchas veces pichazos, pero la diversión era inmensa para los muchachos y adultos aunque éstos practicaban el carnaval de una manera muy diferente, recuerdo aun a Germán Caraballo,Alejandro Machado, Moreno, Candido Herrera, Chuito Alcalá, etc., que quedaban blanquitos de talco, pintados muchas veces de pintura, tiznes y agua y quién sabe que otro masacote, pero eran diversiones sanas y ningún niño se metía ni era incluido. Todo cambió para nosotros a partir de febrero de 1966 cuando se dio el primer carnaval turístico nacional de Carúpano, con invitación para los pueblos vecinos, asistimos con una buena representación y dejamos a nuestro pueblo con buen lugar, desde 1967 los carnavales de Carúpano se volvieron internacionales. Bienvenido carnavales casanayeros, bienvenidos casanayeros al disfrurte de su carnaval en Casanay.

Luisa Ramona Campos Betancourt y la fe evangélica cristiana

En esa esquina de la calle El Perú, en la casa donde hoy vive Luis nicolas García y familia, antes fue ocupada por Luis Batala (Campos Betancourt). Ese pedazo de calle, hacias atrás de la casa de colacho (L. N. G.), vivía un grupo tradicional casanayero: Quintín Moreno y su esposa Isabel Planchez, Rosa Caldera, Linda Hernández, Luisa Gimenez, Luisa Ramona, etc., Luisa Ramona, hermana de Luis batala, se dedicaba a la preparación de niños para la comunión en la Iglesia Católica, fue una señora muy religiosa, muy amante y seguidora de su fe católica, tenía además una escuelita de primeras letras a donde concurrían varios niños, día con día, a recibir las enseñanzas de esa noble señora. Después de aprender muy bien con el libro Mantilla, continuaba con el libro de Santiago Shnell, la tablas de sumar, restar, multiplicar y dividir y aprender muy bien su aplicación en las resoluciones aritméticas iniciales, de suerte que cuando el alumno iba luego a iniciar estudios de primaria en la Escuela Nacional Graduada "Rafael Ramos Díaz", en aquellos tiempos bajo la dirección de la Sra Albina Velásquez de Millán o en la Escuela "Matías Parra Alcalá", conducida por la Sra Panchita Loaiza de Velásquez, siempre llamaba la atención que los nuevos alumnos que habían pasado por las enseñanza de Luisa Ramona ya estaban bien adelantados.La sra Luisa Ramona Campos Betancourt, por motivos que desconozco, se ausentó un tiempo, no estoy seguro en mi recuerdo, pero creo que fue a Caripito, Estado Monagas, el caso es que a su regreso se experimentó un cambio muy drástico hacia ella debido a que regresó no católica, sino, seguidora de una religión evangélica, cosa que se vio como diabólica en aquellos tiempos, en Casanay nunca antes se había visto semejante "desatino", "Luisa Ramona regresó endiablada" decían unos, otros dejaron de mirar hacia su casa y mucho menos su rostro, el caso fue que la soledad a que fue sometida su casa y su presencia, poco a poco se fue disipando con la llegada de nuevos niños que sentándose en aquel troncón, cerca de la mata de grandes y ricos ponsigueses, comenzaron la encomiable tarea de aprender los conocimientos de primeras letras. Los padre de esos niños fueron comprendiendo que el derecho ajeno termina donde comienza el derecho de los demás. Allí casa de Luisa ramona secelebraron los primeros cultos evangélicos en Casanay, asistían solo un señor rubio muy alto, su esposa y dos o tres hijos que con él venían, no sé de donde pero llegaban, asistían al culto, luego se marchaban. Traían con ellos una trompeta dorada que no tocaban nunca, solo la colcaban cerca de ellos, quien esto escribe, de siete años de edad, una vez no aguantó la curiosidad y levantó esa trompeta y "ppffuuuuuu", sonó que asustaba, el señor rubio rió de muy buenas ganas. Después de Luisa Ramona, Amalia Girot fue la siguiente en entrar en cocnocimiento de esa nueva religión en el pueblo casanayero.

La Ceiba

Si un árbol puede llamarse emblemático en Casanay, ese es la ceiba. En diciembre me encontré con que la ceiba ya no existe, según me contaron y aun me cuesta creerlo, "unos niños le pegaron candela a la ceiba y la quemaron", ¡créanme! me quedé sin pensamientos un buen rato, luego reaccioné a punta de recuerdos. Sé que el progreso avanza y así debe ser, pero un dejo de tristeza me embarga al recordar aquel lugar tan grande, un pulmón vegetal, con una flora y una fáuna muy rica, que todos llámabamos "la ceiba" debido al árbol de nuestra consideración hoy, ya no está, y pensar que ese terreno se extendía hasta el pie de la loma. Cerca del árbol se encontraba una quebrada que cuando llovía se llenaba. Esa quebrada era resto de un antiguo río, desaparecido hace muchos años, lo secaron porque "perjudicaba" a la población cada vez que llovía fuerte, claro que hoy una calanización hubiese solucionado el problema. Parado al lado del taller de Heriberto Bello, pude ver que ya no existe nada, ni parecido a aquel bosque inmenso donde los muchachos de entonces jugábamos a bandidos y ladrones, el escondido, carritos de madera, etc., otros iban con sus chinas (¡muy mal hecho!), cuando llovía la quebrada se llenaba y la gran fiesta, unos árboles producían bejucos que aprovechábamos para cruzar de un lado a otro de la quebrada, que lucía muy grande para nosotros, pero estábamos felices imitando a Tarzan, héroe de aquellas películas de moda en aquellos tiempos, creación de Edgar Rice Burrougs y protagonizadas por  Herman Brick, Johnny Weisstmuller, Ron Elly, entre otros, en sus respectivos momentos, así como algunas veces éramos Hopalon Casidy, Durango Kid, Red Rider, Thomas hause o el Ultimo Mohicano, tal vez el Aguila Negra o el Gavilán Colorado, películas éstas, protagonizadas por Fernando Casanova y Antonio Aguilar, respectivamente y que llegaban a nosotros gracias al cine San Agustín del Sr. Rafael Millán, o cualquier otro personaje, el caso es que la ceiba era un coso de recreación para los niños casanayeros que convivíamos en el casco central del pueblo.Me entero hoy que piensan hacer un parque, una urbanización y no sé que más, pero una falla geológica impide los proyectos, el caso es que el árbol de la ceiba, donde Cruz Inés vio el duende, donde aquellas niñas vieron el ahorcado, donde Pedro Mosquito se cayó del bejuco cuando tropezamos en pleno "vuelo", donde Cruz Inés se encondió por tres días con sus noches debido a que su mamá le iba a dar unos cuantos guamazos, allí donde la taguatagua, amarillita de madura enriqucía el paladar infantil, esa ceiba donde salía muertos que nunca vimos pero que bastaban los cuentos para pasar por los caminos con el corazón en las manos, esos caminos que nos llevaban casa de Jacinta la ñeca y Pedro pataruco, aunque no nos acercábamos a la casa ya que teníamos miedo. Todo eso que nos asustaba pero no dejábamos de visitar, ya no existe, por allí pasa la continuación de la calle Caracas, entró la civilización y la naturaleza cogió su camino y se fue...sí señor, se fue.

Casanay de Antaño

Así describe Farides Mundaraín nuestro "CASANAY DE ANTAÑO"

Oh, Casanay de mi infancia/ nunca te podré olvidar/ porque te tengo en el alma/como peces en el mar.

Hoy recuerdo tus cocales/ que hoy en día no hay/ tus noches de luna llena/ siembre bellas ¡Casanay!

Aquella Iglesia tan linda/ que iluminaba la plaza/ con sus bancos de cemento/ que de niña tongoneaba.

Añoro tus carnavales/ con parrandas y negritas/ diablitos y mucha agua/ para alegrar las rumbitas.

También recuerdo tus calles/ en tus fiestas patronales/llenas de bambalinas/ que parecían panales.

Tus dulces, bolas de coco/ buñuelos, arepa raspá/ y muchas otras delicias/ se oía a los niños gritá.

Señora ¿compra arepa?/ decían los niños desde acá/ y ¿de quién son las arepas?/ contestaban desde allá.

Aquel Casanay de entonces/ tan alegre como sano/ hoy de eso ya no queda/ sino el recuerdo pasado.

Y nos sigue describiendo Farides su "CASANAY DE ANTAÑO III"

De la Casanay de antaño/ hoy les voy a recordar/ todas aquellas costumbres/ difíciles de olvidar.

La gran atracción de noche/ era el cine Rafamar/ en homenaje a ese gran hombre/ que fue Rafael Millán.

Ese cine fue testigo/ de historia y grandes amores/ cuando agarrarse las manos/ nos causaban vapores.

Se esperaba en la plaza/ que pusieran florecita/ para empezar la función/ con esa gran musiquita.

Mientras tanto se podía/ saborear un esnovol/ que vendían a lochita/ para aplacar el calor.

De piña o de tamarindo/ de catuche o de limón/ o sino podían pedir/ un coco con papelón.

Se podía ir al Moruco/ o al Cabimas a bailar/ sin tener ese temor/ de poderse embochinchar.

Había mucho respeto/ al maestro, al policía/ a las personas mayores/ que un consejo nos decían.

Dar una vuelta a la plaza/ se conserva todavía/ todas las chicas del pueblo/ a ver que de nuevo había.

No se conocía el Regué/ celular o internet/ sin embargo se podía/ transitar con un carnet.

De aquel Casanay de entonces/ tan alegres como sano/ hoy de eso solo queda/ un bello recuerdo pasado.

Aguas Termales

¡Cómo han cambiado los tiempo cará! Paraíso, Aguas de Moisés, Poza Cristal, Cocolandia, etc. Antes solo decíamos "voy para aguas calientes". Son Aguas termales, probablemente es mucho el azufre en el manto acuífero de esas zonas termales. En mi recuerdo está una zona de Aguas Termales cerca de los cuatro rumbos, vía Caripito, se dejaba la carretera y tomábamos un camino a la izquierda, si mal no recuerdo, entre peñascos encontrábamos varios pozos. Aun está en mi memoria un señor que colocó un huevo en un evase con agua e introdujo el envase, apenas su fondo, en el agua hirviente del pozo, no pasaron cinco minutos y quitó la concha al huevo que estaba completamente sancochado. Sobre uno de esos pozos estaba una tarima que un señor empleaba para acostarse en ella y así recibir el calor de las aguas, pues son consideradas medicinales. Algunas personas esperaban la tardecita cuando se retiraban las personas de la poza de Saturnino Alcalá (Poza Azul), para ellos bañarse, ahora como tratamiento medicinal, porque en las noches el agua se volvía más caliente. Allá en Pantoño, en la Hacienda de Jesús Vásquez estaba río Azul, creo que el nombre se debe a que el limo daba una coloración azulada a las aguas tibias de ese río, igualmente en esa hacienda se encontraban dos corrientes de aguas, una fría y una caliente, que formaban un solo río, probablemnte era el río azul antes mencionado pero mi recuerdo no lo alcanza por completo

Anacondas en Casanay

En la ceiba hubo un río que en épocas de lluvias se volvía caudaloso. Imaginen entonces cuando crecía el río corozal por el norte y el río de la ceiba por el sur, ambos al mismo tiempo. En la ceiba constantes rellenos fueron acabando con ese río y en el corozal, la tala y extracción de arenas nos despojo de bellezas naturales y de nuestras aguas fluviales. Cierta vez creció el río corozal y en la crecida, sobre los escombros venía una enorme culebra con dos protuberancias en la cabeza, los pobladores la llamaron güiria o culebrón, hoy sabemos que era una anaconda.

Tesoros

¿Saben qué es una morocota? La Morocota fue una moneda estadounidense que circuló legalmente en Venezuela entre los años 1849 y 1933; el nombre le vino por el pez Morocoto que es dorado.Las había de diferentes denominaciones, mi abuelo me decía que para aquellos años de inicios de 1900, algunas de esa morocotas costaban 45.000 bolívares, otras 9.000 y así sucesivamente, "un realero", en buen casanayero. Me cuentan que mi bisabuela Antonia María Carrera de Villarroel, le pidió a su hija Julia Ediovirgida Villarroel Carrera (de 12 años entonces), que fuera casa de la Sra Manuela, ya anciana, a buscar la leche de recién ordeño. La Sra Manuela trajo del cuarto un pote con muchas morocotas, que debido al exceso de humedad, muy común en aquellos tiempos del Casanay de antier, se ponía mohosas. La Sra Manuela colocó esas morocotas, un poco de morocotas, sobre brasas, para combatir la humedad. Ediovirgida relató eso a su madre y ella exclamó: "¡Dios mío cómo atesoran riquezas para otros!" y fue así. En las guerras intestinas como la muy mencionada guerra de Aristigueta, llegaban a estos pueblos  hombres armados que saqueaban buscando riquezas, y en esos pueblos muchos eran los que guardaban morocotas, y  muchos eran vecinos que vivían en ranchos que se estremecían con el viento, pero atesoraban morocotas y hasta las enterraban como reguardo, Chuíto Marcano supe muy bien de eso. Pues bien, ¡qué lástima! pero los saquadores se llevaron las morocotas de la Sra Manuela.

Poetisa Farides Mundaraín

Educadora, hija de educador, el maestro Tomás Mundaraín por quien generaciones de jóvenes  tendrán siempre un recuerdo que elevar. Farides ejerce su magisterio durante 32 años. De la mano de la Profesora Blanca Estrella Castellanos, en la Unidad Educativa "Gran Colombia", donde obtiene el título de Maestra de Educación Primaria, Farides empieza su travesía por los caminos de la literura, y al cursar "Revalorización y Costumbre de Cruz de Mayo" bajo la dirección del Profesor Enrique Viñoles, descubre que escribir es su principal meta. En su poesía se reprentan sus vivencias, la historia patria, su nostalgias del ayer, las costumbres y tradiciones de su pueblo, su gran amor.

De su amplio repertorio leamos Añoranzas de nuestra fiestas

Las fiestas de San Agustín/ en mi Casanay de antaño/ eran de las más curiosas/ que se veían cada año.

Vestían a nuestro pueblo/ con alegres bambalinas/ que a loas primera lloviznas/ se volvían cristalinas.

A las calles las echaban/ como una tierra amarilla/ que apenas se remojaba/ enlodaban el camino.

Aquellos zapatos nuevos/ que con esmero estrenaba/ quedaban vueltos un melcoche/ de tanto que se embarraban.

La alegría las ponían/ las folcloristas rokolas/ que al son de los vallenatos/ la gente le hacían cola.

Las habían en cada esquina/ para darles alegría/ a aquellas fiestas rumbosas/ que a los pavos atraía.

Y no podían faltar/ aquellos palos ensebaos/ que los niños lo trepaban/ como dulce encaramao.

La plaza se convertía/ en toda una algarabía/ con alegres fantasías/ de tantas cosas que había.

El amanecer del 28/  era el día más glorioso/ todos paseabamos al santo/ que se veía gracioso.

Vestían a San Agustín/ como muñeco de postín/ al son del Ave María/ las fiestas ponían fin.

Con lo moderno se fueron/ perdiendo las tradiciones/ cambiaron nuestras fiestas/ buscando otras distracciones.

Como no cabía la gente/ en nuestra plaza añorada/ hicieron aquella concha/ como tacita dorada.

Pero ya no fue lo mismo/ algo cambió aquellos días/ que mudaron el sitio/ y llegó la melancolía.

El Cuerpo de Bomberos de Casanay

Desde hace muchos años se venía comentando entre bastidores, sobre la necesidad de un Cuerpo de Bomberos para Casanay, y se proponen ideas; pero, como siempre sucede, entre la plana mayor de los que conducen los destinos de los pueblos, siempre hay opositores hacia los proyectos que algún ciudadano presente, si no es miembro del partido gobernante o es un solo ciudadano sin compromiso partidista alguno, por supuesto que Casanay no fue la excepción. Tomemos el siguiente ejemplo: Leandro Balán tuvo la inquietud de que las autoridades lograsen un cuerpo de bomberos, y comprende que la única manera de lograrlo es con un duro trabajo y apoyo de la comunidad y puso manos a la obra, entre 2005-2007 busca apoyo del Cuerpo de Bomberos de Cumaná, el Cuerpo de Bomberos de Caracas, el Cuerpo de Bomberos de la U.C.V., recoge firmas, pide cita con las autoridades locales y jamás se la concedieron, habla por la emisora radial de la localidad para pedirle al pueblo que lo apoyen con su firma, pide información en una fábrica de unidades bomberiles sobre un presupuesto, hasta manda a diseñar un logotipo, y muchas diligencias más. De la Alcaldía (período anterior) sale un proyecto paralelo y Leandro Balán es excluido. Tal vez ya ni se recuerdan sus diligencias pero, Leandro Balán ve con mucho cariño que Casanay tiene un Cuerpo de Bomberos. La sede de Bomberos de Casanay está provisionalmente en las instalaciones donde se esperaba que algún día, que pareciera nunca llegar, se instalara la terminal de pasajeros que bastante falta hace a Casanay y a todo el Municipio Andrés Eloy Blanco. En todo caso GRACIAS, en Casanay hay un Cuerpo de Bomberos y pude ver su actuación cuando la casa de la familia de Mapepa, lamentablemente se incendió.

 ¡Qué bueno, ya vienen las misas de aguinaldos!

Nos preparábamos, si señor. Por lo general se iniciaban con la misa de los estudiantes, entonces...ta,ta,ta,taaaaaaa, las citas, los muchachos hablábamos con las muchachas: ¿nos encontramos a las cuatro en el campanario? ¡ayyyy!, si ese campanario hablara. Ese campanario, rodeado de plantas ornamentales, muy cuidaditas y testigas de muchos amores, amores lindos de madrugadas de diciembre -yo no, yo era muy pequeño-, y luego asistíamos a las misas de aguinaldo, y al finalizar éstas terminábamos bailando en El Moruco o en El Cabimas. No existía El Colombia en esos tiempos, Remigio aun vivía en el caserío Las Minas. Conjuntos improvisados para los días dicembrinos se organizaban y se repartían los aguinaldos que se interpretaban durante las ceremonias de misas. La plaza se llenaba de caminantes, paseadores enemorados o simplemente amigos, los señores y señoras eran los primeros en entrar a la Iglesia, no paseaban o muy pocos lo hacían. Esperábamos con ansias la misa de los choferes, las caravanas de carros paseaban por todo el pueblo, cornetas al aire, silencio luego para la misa y bulla después por los bailes y comidas, muchas comidas, empanadas de a bastante, pero de éstas ya hemos hablado en otras oportunidades ¿Quienes eran los choferes en esos momentos? entre otros: Luis Campos Batala, José Dolores Mata, Teodoro Girot, Rafael Acosta, Jesús Bravo, Jesús Jiménez, Antonio Pascual Moreno, Luis González, Eligio Velásquez, Carmelo Ramírez, Luis Aguiar, Chicoramón Mundarain, Toño Mundarain, Liévano Rojas, Antonio José Ramírez, Victor Herrera, José Herrera, Asunción Visáez, Chano Ortega, Manuel Ruiz, también asistían algunos choferes de Guarapiche, como Chula, Luis Felipe Hernández, Julián Caraballo, Alí Pineda, casanayero que vivía en Río Casanay, no se perdía esa misa, y muchos, muchos más, hasta de Nueva colombia y Cangrejal venían, porque esa si que era una buena misa. Y las demás también.

Parranda parranda, la parranda es bella...

Así comienza un aguinaldo muy cantado en todo el país, y en Casanay, al ritmo del cuatro, guitarra, mandolinas, furrucos y maracas se oía y disfrutaba en los cuatro puntos cardinales y en la plaza también. En aquellos tiempos muy allá, comenzando diciembre se "abrían  las puertas" a las llamadas pascuas de diciembre: Domingo Hernández, Teodoro Girot, Gabrielito Márquez, Alejandrina Rojas, Ramón Rondón y muchos más iniciaban las fiestas, varias mujeres se disfrazaban de hombres y algunos  hombres se disfrazaban con motivos que invitaban a la risa, bailaban la burriquita, el pájaro guarandol y se entonaban los primeros aguinaldos, dramatizaban escenas y se saboreaban las primeras hallacas. Algunas personas venían de los campos con sus aguinaldos:

"Juan Vicente era/un jefe querido/que nunca su patria/lo echaría al olvido", era este uno de los aguinaldos que alguna vez se oyó, una forma de halagar al benemérito y a sus subditos en el pueblo, quienes perseguían implacablemente a los campesinos y pueblerinos en una interminable recluta para obligarlos a un servicio militar de unos siete años y del que regresaban vueltos leñas si la vida tenía la piedad de seguirlos acompañando. Muchos hombres tenían que pasar bastante tiempo escondidos en los conucos cada vez que aquellos terribles policías armados de máuseres y rolos de madera muy resistente, pasaban como langostas, devorando la tranquilidad de los pueblos. Un aguinaldo tal vez calmaría aunque fuesen los días de pascuas de navidad. Pero sigamos con la parranda. Durante el mes de diciembre, los ensayos eran parrandas, cuando reventaba el año, se prendía la parranda otra vez, salían grupos dispuestos a amanecer cantando y tocando, iban de casa en casa, se paraban en las puertas y cantaban y tocaban, y los cohetes reventaban, traquitraques y saltapericos, afortunadamente no existían los tumbarranchos ni los bing-laden, pero igualmente era un alboroto para un pueblo normalmente tranquilo, era una cosa realmente sana y bonita. Cantaban en la puerta de las casas y los dueños de casa salían  a atender a los visitantes y entre palos de aguardiente, hallacas y aguinaldos, transcurría la noche, ya no serena como siempre, por la agitación humana, pero al día siguiente eran sonrisas, rostros alegres, que mientras saboreaban el cafecito colado en una bolsita que se colocaba en un instrumento de madera denominado muchacho. Cierta vez una señora, en presencia del esposo le dijo a otro señor que era carpintero, "compadre Ud sabe hacer muchachos, para que me regale uno para estos días de navidad" y uno de los trabajadores de la compañía 'Caminos' que estaba presente se puso rojo, tal vez pensó, 'aquí se van a desmoñar, pero no, el carpintero preguntó "¿y dónde cuela Ud el cafe pues?, porque este quedó muy sabroso".El trabajador de la compañía camino ahora más confundido, necesitó y solicitó una aclaratoria al respecto.Si amigos, así eran nuestras parrandas navideñas, hasta regalaban muchachos para colar café. ¿Grecca es como se llama ese artefacto que hace y cuela café en un santiamen?Por favor el primero de enero, bríndenme un cafecito colado de los de antes. Gracias.                               

Diciembre, ¡ah diciembre!

Siempre esperábamos en la muchachada ese bendito diciembre que demoraba, los niños a menudo preguntaban por los regalos del niño Jesús, un verdadero misterio en "aquellos tiempos de antier", como se expresó nuestro amigo Angel Martínez en nuestro libro de visitas. Sí, los padres ante nuestras preguntas siempre respondían "el año que viene", y nosotros esperando con ansias ese año que viene y nunca venía, pero sí llegaba diciembre y en lugar de la bicicleta que habíamos pedido nos traían un carrito o una pistola, o cualquier otra cosa, "porque el niño no tenía mucho centavo y el año que viene será mejor", otra vez el bendito año que viene. Pero fíjense ustedes, que nuestro pueblo, sencillo e inocente, se las ingeniaba para hacer de las navidades y noche buena de año nuevo, los mejores momentos del año, y en aquellos hogares cuyos hijos habían tenido que irse a las ciudades buscando mejores horizontes, se esmeraban para recibir a los parientes con el más grande amor y la garafa de ron con ponsigué que desde febrero la enteraban o la guardaban muy bien para que ese ron con ponsigué, más ciruelas pasas u otros ingredientes, se cultían obteniendo una mejor bebida con el mejor aroma y la mejor rasca por supuesto, porque ¡a roncito para peligroso ese!, ponía a los señores a bailar el paso de fortuna con unos cuantos tragos, recuerdo que Adriano Mata, allá en su casa en la calle Los Indios, preparó una garafa de ron con ponsigue, la enteró en el patio y se retiró, no había caminado tres metros cuando se regresó, la desenterró y se echó el primer matracaso, Andrés Eloy, su hijo le preguntó ¿No es para diciembre pues? "si pero estoy probando un poquito para ver como va", el caso es que dos horas después no había ron, y la rasca de Adriano era de expresión mayúscula, menos mal que los ponsigueses estaban intactos y su esposa pudo terminar la tarea, escondiéndola donde él no pudiera encontrarla. Aun llega a mi recuerdo los olores del guiso de hallacas en todas partes, pero no solo eso, sino que mientras preparaban el guiso, amaraban las hallacas y las llevaban a la olla, todo era felicidad y tragos, de una manera muy especial, muy familiar, con el mayor amor, pero cuando esos pasteles estaban listos, había que llevarle dos a Isabel Planchez, dos para Trinidad, acuérdate de las de Justa, mira que María espera las de ellas, pero...aquí están las que mando Justa, aquí están las que mandó Isabel, y así sucesivamente, pasteles iban y pasteles venían y cuando venía la visita, pasteles con esa visita y comíamos acá, allá y acuyá, y los recuerdos iban y venían... y "yo no olvido el año viejo porque me dejó una cosa buena...una chiva, una suegra" y pa´ya compadre que el coroto se puso buena decía  Nicolás. ¡Qué pernil ni que ocho cuartos, pobre no sabía que es eso! se mataba el cochino, se prepara la carne, se preparaba el guiso y allá van los pasteles. La maravillosa noche buena de Navidad, esa plaza se llenaba, las muchachas se engalanaban con sus mejores estrenos y los muchachos que no se quedaban atrás, iban a la conquista unos, otos ya habían conquistado y otros en la más sana amistad caminaban todos esa Plaza Bolívar, la única que había en el pueblo. Cuando llegaba la Noche Buena de Año Nuevo, de vuelta  a la Plaza, el paseo nocturno, el último del año viejo, pero un "nos vemos más tarde" y apenas sonaba el cañonazo allá en la policía, los abrazos y "bendición mamá, Dios te bendiga hijo" y más abrazos para luego salir casa del vecino y de lado a lado las calles veían el cruce constante de vecinos amorosos con la misión de desear feliz año, y luego, sobre todo los jóvenes emprendíamos la marcha a dar más feliz años, tratar de ver la novia o a la señora fulana quien es muy cariñosa conmigo o para ver a fulanita que me gusta mucho, pero no me para nada, vamos a ver, como hoy es primero de enero, acaba de reventar el año, a lo mejor deja que le de un besito. Así era la sencillez del pueblo y de su gente.

"Cotines"

No sé si Cotines era su apellido, o así lo "apedillaron" los echadores de broma, particularmente creo que era Ramírez su apellido, pero son tantos los años que separan nuestras edades, que confieso que no sé. Recuerdo que ´él era un hombre sumamente sencillo, tranquilo, muy dado al pueblo, de trato amable y servicial. Cuando la necesidad apremiaba buscaba el cargo de policía, era muy fácil ocupar un puesto de policía, además ¿qué hacía un policía de pueblo? muy poco, casi nadie dabe pie para ser detenido, cuidar la puerta de la policía, era tal vez la mayor ocupación, además de las guardias nocturnas, donde más se dormitaba que cuidar. Pero los día de tragos, que eran muy a menudo, algún policía era comisionado para darse la vuelta por allá por el bar de fulano a ver si la guarandinga estaba marchando bien. El caso es, que cierto día se presentó un alboroto, al parecer "rosquito", se echo una pea de las "que Dios lo guarde" y enviaron a Cotines a traer al indiciado a pasar la noche en la policía, Cotines salió directamente para la calle la lagunilla, donde se había presentado la novedad, pero hablando entre dientes porque parece que "rosquito" cuando se ponía impertinente, era capaz de darle un astazo a cualquiera y Cotines estaba enterado de esa habilidad de "rosquito", por lo que no le agradó mucho la orden que le dieron, no obstante la cumplió al menos lo de llegar ante la presencia del personaje en cuestión, como a seis metros de separación le dice al amigo "rosquito": " 'rosquitóoooo' sería bueno que me acompañaras amigo, sabés, es que el comandante me pidió que te llevaras y tu sabes como son estas cosas". "Rosquito" responde: "tú y cuantos más como tú, pedazo de miércoles me van a llevar, ponte aquí cerca de mi pa'que veas como te vuelo la cabeza de un solo tajo". Cotines, aunque bien separado pegó un brinco y se alejó rapidito y le dijo al comandante: "¡Caramba comandante!no va a poder ser hoy porque el hombre me mandó a regresar el miércoles y está bravísimo, no ve que hoy es domingo, día de guardar. Creo que fue la última vez que Cotines oacupó el cargo de policía. Por cierto que"rosquito" no tenía consigo nada que cortara y además hasta se caía de la pea.

Nuevas autoridades

Al pensar que el Municipio Andrés Eloy Blanco está estrenando nuevo Alcalde evoco tiempos pasados. En ese espacio ocupado hoy por la Alcaldía de Casanay estaban la casa de Sofía Marcano, la Medicatura Rural, la Junta Comunal y la Policía y Jefatura del Municipio Mariño, es decir Casanay cuando formaba parte del Distrito Ribero, hoy Municipio Ribero, capital Cariaco. Las principales autoridades del pueblo eran el Jefe Civil o Prefecto, el Comandante de la Policía, el Juez del Municipio, el Presidente de la Junta Comunal y posteriormente cuando se instaló el primer comando de la Guardia Nacional, el Sargento, personaje de mayor jerarquía para el momento en el comando de Guardia Nacional en Casanay,  se incluyó entre las personas de mayor respeto para el pueblo. ¡Y mira que si respetábamos! Recuerdo algunos señores que ocuparon el cargo de Jefe Civil: Luis Morales, Enrique Boada, José Felipe Marcano, este último hasta la caída de Pérez Gimenez, luego Nicomedes Visáez, en período de transición hacia la democracia, Jesús Calzadilla etc. Como Jueces recuerdo a Manuel Mª Vásquez, Manuel "Cabo" Mendoza, hasta la salida de Pérez Gimenez, Francisco Visáez, Casto Gonzalez, en la Junta Comunal el señor Ezequiel Visáez. Eran tiempos de mucho orden y respeto, exceptuando la época de la dictadura, que en lugar de respeto se sentía terror. Estoy seguro de que muchos recuerdan la wilso, aquella tenebrosa patrulla de la Seguridad Nacional, el que caía ahí lo "agarraba la máquina de moler negros", así decía  el cabo Mendoza, a quien no le temblaba el pulso para lanzar disparos al aire celebrándo que el Capitán Tirado estaba visitándolo. En el centro del patio de la casa donde quien esto escribe vivía, lamentablemente al lado de la casa de cabo, estaba una mata de coco, cargadita del sabroso fruto, y cuando a ese señor le daba la gana, se embriagaba y comenzaba desde su patio, a dispararle a los cocos y nosotros, cinco hermanos, todos pequeñitos, aterrados veíamos abrazados a las piernas de nuestra madre, cuando los chorros de agua de coco se derramaban en el aire. Gracias a Dios un día termino la fiesta dictatorial y se implantó la democracia, tan necesaria pars todos los pueblos del mundo. Saludos a las nuevas autoridades que hoy ocupan la dirección del pueblo y de todo el municipio, ruego al altísimo que en lugar de un lineamiento político, sea el progreso casanayero lo que ocupe su norte.

 El Aguamanil

El aguamanil es un tipo de mueble donde se coloca una palangana o ponchera para lavarse las manos, pero en Casanay, el aguamanil era un tipo de mueble rectangular, de aproximadamente un metro y medio de altura. En su parte superior se colocaba una piedra caliza, previamente horadada por un artesano, quien además la preparaba con cuatro lados para que encajara bien en la parte superior y abierta del mueble. La piedra caliza o calcárea tiene la particularidad de ser un filtro natural, de tal manera que el hoyo de la piedra era totalmente llenado por agua extraída de los aljibes y ese precioso líquido se filtraba con tal lentitud que al final se derramaba muy lentamente en cristalinas y frías gotas que caían en una tinaja o tinajón -por eso al aguamanil también se le llamó tinajero-, envase que estaba ubicado sobre una madera o en el mismo suelo y muchas veces en un piso de arenas, con la intención de permitirle una temperatura más fresca. Algunos de esos aguamaniles eran muebles con excelentes dibujos un sus paredes de maderas, cuidadosamente labradas. Podemos decir que eran verdaderas obras de arte de grabados en maderas. En Casanay hubo varios de esos muebles. Recuerdo cuando uno de los hijos de Angito Brito enfermó de paludismo, endemia que en los años cincuenta golpeó a muchos pueblos del oriente del país. Tales eran los estragos que esa enfermedad estaba ocasionando, que en la botica del Sr Luis Toledo se agotó el agua destilada, indispensable para la preparación de la penicilina. Era muy difícil traerla de Carúpano y la fiebre del enfermo era de carácter extremo , el médico -lamento no recordar su nombre- miró el aguamanil, hacia el se dirigió y con sumo cuidado colocó la boca del frasco de penicilina y recogió en él agua del aguamanil, ante el asombro de los adultos que vieron tal acto, este galeno preparó la inyección salvadora, al momento que decía "jamás habrá un filtro superior al que la naturaleza nos depara". Eso fue aproximadamente en el año 1955. ¿Sabe alguien cuál era el médico de la Medicatura Rural de Casanay en ese momento?

Nuestros juegos tradicionales

¿Pueblo con un pasado sano? Casanay. En aquellos años que nos hemos propuesto rescatar mediante estos relatos, los pueblos de nuestro oriente patrio eran pueblos muy sanos. Alguien me preguntaba hace unos días sobre cómo y conqué se distraían los muchachos en aquellos tiempos. Bien, que mejor respuesta que la verdad: en nuestro Casanay, en la plaza Bolívar, cualquier lugar pelado, sin hierbas quiero decir, era un buen lugar para jugar pichas (metras). Allí, sobre todo en horas de la tarde, siempre había alguien que invitara: ¿vamos a jugar pichihueca? Claro, hacíamos un hoyito, metíamos en nuestra mano el arma poderosa, nuestra "mejor" picha, y con el dedo pulgar,zuazz, chocábamos la picha de nuestro oponente y luego lanzábamos buscando la mejor puntería para lograr que nuestra picha se introdujera en el hoyo, Leonel González, Luis Rafael Hernández, Oscar Campos, entre otros, tenían una puntería asombrosa. Un día pude observar allá en "el maco" lo que pudiéramos considerar una competencia de pichas: Ruperto Moreno, Antonio Lémus, Asunción Moreno, Hugo Mata y otros más, y ¡cómo había pichas en ese suelo! Eso de hacer un triangulo es posterior. Y del trompo ni hablar, cuánta diversión apenas llegaba la temporada:"agárrame ese trompo en la uña" eran apuestas, y mira que muchos lograban gran maestría haciendo ese malabarismo que a los más pequeños nos costaba tanto, ¡cuántos trompos fueron rotos a fuerza de golpes del clavo del trompo ganador! Llegaba la época de montar voladores (papagayos), y el cielo de la plaza "el mariño" se llenaba de colores. Bastaban unos pedazos de cañabrava, algo de papel, hilo de apargata (pabilo), engrudo, o cautaro, tela para la cola y por supuesto, hilo de huevito para que ese papagayo volara bien lejos sin que el hilo se reventara. Rubén Carípe no dejaba tira que su mamá Victoria  guardaba en las gabetas de su máquina Singer, todas iban a servir de cola para papagayos, hasta vendía papagayos a 0,25, 0,50, un bolívar; pero, muchas veces, bastaba tan solo un papel con una cola y pabilo para que los pequeñitos se iniciaran. Rrruuu, rrruuu, se oía a lo lejos, allá arriba, eran voladores que le habían colocada un papel doblado y con el viento daban la vuelta en un hilo transversal que fungía de eje, en las noches gárgaro o el escondido, y cuando llegaba el momento de los furrucos (gurrufíos), desaparecían las chapas de refrescos, las aplastábamos, le hacíamos dos huequitos en el centro introducíamos por allí un pedazo de hilo y rúuu, rúuu, a jugar se ha dicho y a cortar el hilo del enemigo, ¡que disfrute carás! ah, y los carros de madera, los manejabamos con un palo, muchas veces eran palos de escoba y la madres calientísimas porque los muchachos se habían llevado los palos de las escobas, bueno y si no teníamos volantes buenas eran escobas.; pero,bueno, luego vino la computadora, los juegos electrónicos, televisores que le quitan el tiempo a la chiquillería para jugar, etc. ¡Qué atraso para la tradición, verdad! El progreso como que atrasa lo tradicional. Si era un pueblo muy sano.

 Si, se acercan las navidades

Ya se siente el aire navideño. Así lo ha percibido Angel Martínez en nuestro "libro de Visitas". Así lo estamos recibiendo, y el recuerdo vuela hacia aquellos tiempos cuando el padre Antonio Alarcón llegó a Casanay, muy cercano llegaron también un grupos de ciudadanos italianos que vinvieron a compartir su estancia con nosotros, desde los tiempos de las empresas "Caminos", constructora de la carretera Carúpano-Caripito y "Nialca", compañía encargada del alfartado de esa carretera. Algunos formaron familia y se quedaron, otros se marcharon luego a otros pueblos o regresaron a su bella península: Palumbo, Eduardo y Giuseppe Gigante, Emilio, Marino, etc., Giuseppe Gigante se unió notablemente al pueblo de Casanay. El es un personaje poseedor de una creatividad de excelencia, asi lo demostró en los nacimientos inmensos que construyó años con años en la Iglesia San agustín, aquella que se cayó. La belleza de esos nacimientos aun hoy es incomparable. Pero lo auténticamente casanayero no puede quedar en el olvido, no podemos olvidarnos de los pasteles (hallacas) de Teodora Gallardo, exquisito manjar que preparaba todo el año pero durante las fiestas dicembrinas era mayor su producción, y Oscar salía a vender con aquella batea de madera bien labrada, perdido ya su olor a cedro para dar paso al oliente guiso de convite obligado al grito de pasteles, pasteles, pasteles... y hablábamos en la plaza para encontrarnos en la madrugada siguiente para las misas de aguinaldo, alegría de verdad y con beldades que se paseaban por las veredas de la palaza: Argelia Hurtado, Josefina y Gilma Ortega, Isabelita Rodríguez, las hermanas Millán Gil, Sara Ruiz, Yolandita, de allá de los lados de Río Casanay, no recuerdo bien pero creo que vivía casa de Elimenia Campos, pero la creí tan linda como una brisa de río. Caray Casanay con tus navidades que nos hace inspirar.

Santiguar

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, santiguar es hacer la señal de la cruz desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho, invocando a la Santísima Trinidad //2. Hacer supersticiosamente, cruces sobre alguien, diciendo ciertas oraciones, etc. Lo cierto es, que en toda Venezuela, donde uno menos piensa, siempre es posible encontrar alguien que santigüe. Superstición o no, la fe mueve montañas, según el carpintero de Nazarteh. Quien esto escribe recuerda a María Nicómedes, muy famosa por allá por Las Varas, ayudó a muchas gente ya que no solo sabía santiguar y lo hacía muy bien, sino que de montes sabía un montón, y sabemos que la naturaleza cura mejor que cualquier mortal. Otilia Ubán Carrera, quien muy joven quedó parapléjica, apenas podía levantar un brazo hasta la cintura y mover un poco el cuello; sin embargo, con mucho amor se dedicó a santiguar y durante muchísimos años, desde que vivió en Las Minas, luego en Cedeño y por último en Casanay, se le conoció como una mujer llena de bondad y de un santiguar maravilloso ¿Qué si ella me santiguó a mi? claro que sí; es más, en mi presencia, y muy pequeño yo, observé a más de una persona quedarse dormida (¿desmayada?). Claro que Otilia Uban, iba más allá, pues preparaba un vino especial para aquellas damas que no habían logrado concebir, según los dictámenes de exámenes de especialistas. Recuerdo que esas botellas de vino tenían de agregados variedades vegetales. ¿Supersticiones? no sé, pero la gente se curaba, se animaban y hasta niñitos casanayeros y de otras latitudes vinieron al mundo para felicidad de sus padres. Claro que también están los causantes de que algunos denigren de tan loable labor. Me refiero, como ejemplo, a un señor que vivió en Las Varas, siempre de paltó, caminaba asombrosamente rápido a pesar de ser un anciano. En su casa atendía a sus pacientes sentado detrás de un escritorio tapado por enfrente y dos laterales, antes de comenzar, Reinaldo Carrera se metía debajo del escritorio, luego empezaba la funsión y el señor "curandero" (¿santiguaba? ¡por Dios!) empezaba a tratar a los incautos "pacientes", mejor dicho, clientes. Reinaldo debía emitir, secamente, ciertos sonidos, puesto que serviría de "espíritu ayudante del excelente curandero". El caso es que este señor hacía mucho dinero de esa manera; pero, como un día no le pagó a Reinaldo... éste al meterse de nuevo bajo el escritorio, no emitió ningún sonido como respuesta espiritual sino que dijo con voz gruesa, "si no  me pagas no me manifestaré un carrizo", Fue poco el camino de la coperativa para la carrera que tuvo que pegar ese señor por que de varilla no lo "desplumaron" ya que parecía un gallo cuando corría. Alejandrina Rojas, cuando alguna persona solicitaba sus servicios debido a que alguna basurita había molestado sus ojos, colocaba un trapito debajo del ojo perjudicado y como por arte de magia la basurita salía, hasta se la enseñaba al visitante, ¿Rezaba alguna oración? no sé solo sé que la basura salía, Su hermano Angito Rojas paraba en segundos a cualquier borracho. Cierta vez hizo con este escritor la apuesta de que él mismo, en solo unos momentos pasaría una pea que hacía tres días estaba llevando, y así fue, ratos más tarde se me presentó totalmente sobrio, para mi sorpresa. Valentín Urbaez curaba el mal de lombrices como ningún otro y Ambrosio López "curaba de todo" decían muchos. Felipe "Hasta el jueves"sacaba muelas casi sin tocar a la persona y mucho menos sus muelas, venía borracho de Cariaco y así se iba, siempre se despedía con un hasta el jueves, y si pedía prestado o fiado, era hasta el jueves.

Cazorla

Nos lo recuerdan por allá por los años cuarenta, un señor muy andado en años, según los comentarios que nos hicieron llegar, el viejo Cazorla tuvo una bodeguita al lado o muy cerca de la que fue casa de familia de Jesús (chuíto) Alcalá y su esposa Edil. Luego establece esa bodeguita cerca del banquiao. En esa bodeguita, más parecida a un quiosco, nos dicen, la mercancía de venta que más abundaba eran las bananas, maduritas y hasta pasaditas, y muy atractivas para el paladar infantil. Luis González, el hijo de Chepa González, me contaba un día de las tremenduras que los muchachos como él, hacían: se escondían, amarraban un anzuelo a un pedazo de guaral (mecate) y lo lanzaban hacia las manos de bananas, aprovechándo que Cazorla dormitaba, o por su avanzada ceguera no los veía, "pescaban" así a las bananas, otras veces utilizaban un palo con puya para la misma faena. Para sorpresa de muchos Cazorla también los "cazaba" a ellosy orinaba en una perola muy curtida y se preparaba para el ataque. Más de una vez logró Cazorla su cometido y más de un manganzón fue victima de un baño desagradable, curtido y amoniacado, como para usar jabón las llaves, que al parecer ya estaba de venta en grandes panelas que hacen tres de las de hoy y solo costaba real y medio y cuartillo.

Nota: Agradecemos a Manuel Mata, Julián Malavé y a la memoria de Luis González, su colaboración.

Meretrices decentes, como decía Daniel Santos

(Es un poco de chisme. Esperamos no ofender con esto, en todo caso pedimos disculpas)

 Por allá por los años cincuenta, que sepamos, Casanay carecía del arte de la complacencia fácil al género masculino; al menos no de manera comercial, aunque si con una inmensa reserva. Fue un pueblo reconocido dentro de los cánones de la decencia hasta que un día x de los años sesentas, dos ciudadanos del pueblo, muy "decentes", y dedicados a las labores comerciales, encontraron que una nueva forma de ganar dinero con cierta facilidad, era introduciendo la prostitución en el pueblo, así, de la noche a la mañana, el pueblo vio surgir una serie de bares en los cuatro puntos cardinales, en la carretera Casanay-Cariaco se establece un bar que se hizo muy famoso, no sabemos si por su nombre, el de una fruta tropical muy exquisita, nispero que sea por eso, o por la abundancia de damas de la vida fácil, que por cierto no parece ser tan fácil. El caso es que nombres como "la yolofa", "la catorce", etc, abundaban como remoquetes para esas damas. No obstante, como titulamos este escrito, en el pueblo si habitaban unas damas muy decentes al ejercer esas labores. Cuando un cliente se dirigía a alguna de ellas por favores especiales, se acercaban disimuladamente en horas del día, y poco a poco pasaban por la puerta de la casa de una de esas damas, quien disimuladamente miraba como quien no quiere la cosa, hacia la derecha y haciá la izquierda, como cualquier vecina de pueblo, y el cliente pasaba y bajito preguntaba ¿cuándo? y ella respondía, igualmente en voz baja "diez", por ejemplo, indicándole así la hora del encuentro para la diversión contratada. Imperaba el respeto, todos sabían que dicha dama ejercía la profesión más antigua del mundo, pero el respeto estaba primero. En una misma calle vivía otra de las damas y no había competencia, una no sabía de que manera la otra cumplía sus funciones especiales. La tercera señora vivía en otra calle, pero tenía la costumbre de empinar el codo y desarraparse por los efectos alcohólicos. Cierta vez, uno de los caballeros de altura, casado con una hermosa mujer  por cierto, solicitó los favores de esta dama y ante un descuido, la dama quedó embarazada y por consecuencia alcohólica divulgó el nombre del individuo en cuestión, ahora padre de la criatura que habría de venir y en adelante a este señor le acompañaron su nombre con el apodo de "el sucio". En todo caso, al menos con las señoras del primer orden, cumplimos con reservar sus nombres ya que eran unas meretrices muy decentes, como decía El Inquieto Anacobero, Daniel Santos. Y por respeto a aquellas damas que se vieron en la necesidad de cumplir esas labores (cierto que no todas), callamos los nombres de aquellos señores, igualmente conocidos por todos, que a un pueblo lindo, decente y con almas con la mirada hacia un futuro mejor, llevaron vicios, perdición y rupturas muy indeseables dentro del  mejor comportamiento social.

Dicen que son cuentos, pero... ¿serán?

Todos los pueblos tienen algo que decir, cuentos, tradiciones, leyendas, verdades y mentiras que envuelven un misterio. Recordemos como ejemplos, la ceiba, cuando la calle Caracas prácticamente llegaba hasta la calle Venezuela, las esquinas formadas por la casa del Sr Melchor Herrera, la casa de la Junta Comunal (Terreno ocupado hoy por el Concejo Municipal), al frente la casa de la bodega de loño (después mudó la bodega hacia el banquiao, frente a donde su hijo Julio puso un surtidor de gasolina, cuando valía 0,10 céntimos), y un solar, dode antes hubo un rancho de barro y caratas, allí Pancho "el policía" hacía estallar el cañón para anunciar el nuevo año o cuando los señores del régimen perejimenista se les antojaba alguna celebración, de allí hacia delante era puro monte, con un camino que comunicaba a la izquierda hacia la plaza, vía la gallera y a la derecha, justo donde luego el Sr Ramón Caraballo, padre, construyó su casa de familia, salíamos por hueco frío. La policía municipal quedaba entre las casas de Junta Comunal y Medicatura Rural, si mal no recuerdo. Cierta noche, a eso de las ocho se retira el comandante de la policía, Sr. R. González, el acostumbraba atravesar el camino de la ceiba y salir frente a la plaza doblando hacia la derecha, calle El Perú, donde vivía. Esa noche El Comandante policial, se fue como de costumbre y en momentos regresó con los ojos desorbitados, y ahogándose, pues él era bastante "robusto" y soltó unas palabrotas diciendo "más nunca me meto por ese camino, cuando pasé frente a la fábrica (casa en construcción, hoy casa de habitación situada frente a la cauchera de Heriberto Bello) cayó primero como una lluvia sobre el monte, no sobre mí y luego un silbido de duende seguido por un espantoso grito, no j... no me ca... de vaina". Quien esto escribe estaba allí a las puertas de la polícía acompañando a su progenitor, quien conversaba animadamente con el Sr. Valentín Brito. A partir de ese día R. González, se marchaba por rutas acostumbradas por el común del pueblo. Días después, Valentincito, no se por qué, pues vivía muy cerca de la polícía, dijo:"voy a hacer una precisa" y tomó la ruta de la ceiba, hacia la fábrica y regresó corriendo, dando alaridos, pero se negó a decir lo que le había pasado, lo cierto es que venía con los pantalones sostenidos con un mano,  gesticulando desesperadamente,y diciendo muchas incoherencias (digo yo ahora). Otra noche entran dos niñas por ahí y regresan corriendo y gritando, los policías tratan de atenderla, pero ellas solo atinaron a decir que un hombre ahorcado se mecía en una cabuya en una mata y salieron corriendo hacia su hogar, los policías buscaron linternas y tomaron ese camino pero jamás vieron tal ahorcado. ¿Qué cómo sé yo eso? Vivía al lado de la hoy casa de familia del Sr Nicolás García y en aquellos tiempos, fue casa de Manuel "cabo" Mendoza, Juez del Municipio Mariño, hoy Municipio Andrés Eloy Blanco, y casi todas las noches en horas tempranas algunos muchachos:Ulpicio (Picho) y se hermano Germán Belmonte, Germán Brito, Manuelito Mendoza, Cruz Inés Bello, Luis Ignacio García etc, jugaban gárgaro por ahi cerca. Hay mucho más que decir.

Teatro Rafamar 

Una vez finalizada las actividades de cine, la parte delantera de esta edificación fue utilizada como sala de restaurante, y durante un tiempo funcionó allí, una agencia de lotería. Para el presente vemos a unos obreros de la construcción realizando remodelaciones. Supuestamente, en respuesta a nuestras preguntas, se nos adelantó que un ciudadano de origen chino, de nombre Weifeng He, establecerá en el nuevo local que surgirá en el antiguo Teatro Rafamar, un supermercado. Hemos visto que el progreso en Casanay es creciente; notable por supuesto en casas comerciales: unas cinco panaderías, varios minisupermercados, algunas distribuidoras, dos gimnacios,clases de karate, un cyber, y algunos otros establecimientos comerciales. Pero también es muy notable que carecemos de  lugares de esparcimiento para la juventud, ya que con mucha facilidad el joven busca distraerse y nunca falta quien invite a un trago o al consumo de sustancias que acaban progresivamente con ellos. Por eso lamentamos que ya nuestras noches casanayeras no cuentan con un cine

 Las Matas de Guayacan 

Casanay inicialmente tuvo una plaza; una sola, cuya extensión era lo que es hoy la Plaza Bolívar  y la Plaza de la Iglesia. Al parecer los españoles fundadores del pueblo, trasladan a sus indígenas chaimas desde el sitio conocido como  Cruz de Santa Marta, hacia donde está en el presente, la calle Colombia, debido a que por toda esa extensión pasaba el río. En sus márgenes se establecieron y, como ordenaban los compromisos coloniales de fundación de pueblos y ciudades, construyeron la Iglesia y el cementerio al frente de esta, es decir que donde está la Plaza Bolívar, estuvo el primer cementerio del recien fundado pueblo de misiones conocido como Santa Cruz de Casanay. Confieso que esta información obedece a una conversación que tuve hace más de treinta años con el Sr Francisco Visáez, que con todo respeto no sé si el recordará haberme dicho eso. Lo que si es cierto, pues todos lo han visto y lo siguen viendo, en las esquinas principales de esas plazas sembraron unos árboles conocidos con el nombre de Guayacán: uno de ellos hace frente triangular con la casa donde está la Farmacia de Simón García, la casa donde está la bodega de Picho Belmonte y con la casa del Sr Chemane Rodríguez, otro hace frente triangular con la casa donde por muchos años estuvo el almacen del Sr Nicolás García, la casa del Sr Chuíto Alcalá y la casa de la familia del Sr Asunción Visáez. El tercero de estos árboles fue ubicado frente a la gallera del Sr. Ramón Carrera, la casa de esquina que fue del Sr. Juan Toledo y la casa que fue de la Sra Manuela Maíz y el último de estos Guayacanes está frente a la casa del Sr Luis Visáez (Chicón), la casa del maestro Tomás Nundaraín y la casa del Sr. Gaspar Mata. Los señores que sembraron estos guayacanes fueron, Juan Villaroel (bisabuelo de los promotores de está página), Gaspar Mata y Esteban Campos. Eso sucedió aproximadamente en el año 1918.

Carretera Casanay-Guarapiche 

Hemos tenido conocimiento de que inicialmente para ir de Casanay a Guarapiche era necesario tomar la vía de Las Varas, al final de la calle colombia, mano izquierda, pasar por las cercanías del río, por donde vivía quiquí (¡a mi llave!), Paulita Olivier, Cundino, el sordo, por allí quedaba la poza "la yegua", seguir la ruta que conocimos como la cooperativa y doblar a mano izquierda hacia la hacienda de Joaquín Ñañez, la de Oswaldo Carrera y llegar prácticamente a la entrada del pueblo de Guarapiche, o se continuaba, desde cerca de la poza de "la llegua" hacia el lado derecho, toda la ruta de la cooperativa y salir mucho más allá de la mitad del pueblo, se continuaba entonces por caminos hacia Río Casanay, Juan Sanchez, Nueva Colombia y todos esos agradables lugares. Cierto día fue contratado un Sr conocido como Marengo (tenía un carrito que lo accionaban con una palanca por la parte delantera del motor, para darle inigción), como constructor de la carretera la cual tuvo empalme con la calle conocida como Carvajal, hoy calle Ecuador.

De esto, aquello y otros menesteres

Hemos recibido mensajes de Jesús Mata y Luisa Brito que nos han trasladado una vez más a ese mundo de recuerdos casanayeros. Jesús nos ha hecho referencia, luego de recordar a su abuela Goyita Mata (de quien ya hemos hablado) y de su abuelo Pilar Mata, aquel Sr que hacía urnas. Yo aun recuerdo que por allá por el año 1960, creo, tenía su carpintería en una casa que estaba ubicacada en parte del terreno donde Geño Ruiz tiene su casa familiar actualmente, estaba yo bastante pequeño, no tenía conocimiento de las ocupaciones del  Sr Pilar Mata, pero un día, de curioso me introduje en esa casa y cuando vi varias urnas recostadas en la pared, grande fue mi susto y mayor la carreara que dí, chuíto caraballo que me vio salir de allí me preguntó que me pasaba que traía los ojos como si había salido de la casa de Pilar Mata, me imagino    que el también se había dado un paseíto por el mismo sitio. Luisa por su parte recordando a sus progenitores Juana Moreno  y Nicolás Brito, sacó a colación ese excelente recuerdo que tenemos muchos casanayeros de la dulcería criolla y de lo mucho que tuvieron que trabajar para que las bolitas de coco, encaramados, buñuelos, torrejas, ponqués, cortados, etc, llegaran hasta nuestros gustosos paladares. El majarete de Goya Ribas, inmejorable, esa noble señora no solo viajaba Margarita a buscar mercancías para vender y mantener su familia, sino que en horas de la mñana esperábamos el majerete de la paila de Goya Ribas, un platico, una locha, un cuartico, igual precio, el plato grande un bolívar, ¡caramba! ¿qué pasó que se nos fue el tiempo? Miren, allá en la Hacienda Camejo preparaban papelón, a los muchachos cuando nos acercábamos por ahí nos regalaban un poquito de melao de caña, todavía recuerdo  al viejo Juan Hernández y a su hijo Juancito, algo similar vivíamos en el hoyote, Domingo Hernández, Quintín Tineo, buena gente con los muchachos, y aquella risotada del coronel Hernández, así le decían a Domingo Hernández. Por cierto que casa de Miguel Sanchez aun tienen una paila de esas usadas para batir el papelón, no sé de donde la trajo Miguel Sanchez, pero es tan grande que los muchachos la usaban como piscina. Cierta vez a Pedro José se le ocurrió venderla y se formó tal duelo que tuvieron que devolverla, ni en las novelas de García Marquez se vivió escena semejante. Y de los chorizos...pues ninguno tan bueno como los de Casanay. Justina Carrera durante muchos años elaboró los más exquisitos, Matilde, la mamá de Omar Figueroa, en la calle Venezuela, Pastora Planchez, en el Maco además de vender pescado y huevos, hacía una excelentes chorizos, 0,25 centimos de aquellos que valían, eran de plata de verdad, ley 900, eso valía un chorizo. Mercedes de Barreto, esposa de Jesúa Barreto, vendiendo dulces, hallacas, etc., levantó una familia de profesionales universitarios. Tanto, tanto que contar  y recordar SEÑOR. Y tantas otras cosas. ¿Cuántos compadres se formaron sin necesidad de bautizar un niño? Juan Rondón trabajaba casa de la Señora Benita Salazar (Chicha), la madre de Mateo Salazar, ella enviaba a Juan Rondón a vender la leche recién ordeñada. El día de Reyes, se nombraban comadres (mujeres invitaban a mujeres a "encomadrarse", el día de año nuevo, los hombres y mujeres se invitaban para "encompadrarse". Juan Rondón invitó a Reina Brito, hija de Angel (Angito) Brito y Julia Ediovirgida Villaroel de Brito (Vigida), para "encompadrarse" y como no tenía para comprar el regalo, como era costumbre del caballero hacia la dama, le llevó una gallina en una totuma, con un lazo verde amarado al pescuezo, como regalo, yo tenía como trece años cuando estos dos compadres conversaban y reían, recordando esa gracia y recordando a sus compadres, chuíto Belmonte, Edil Paso de Alcalá, Colalo Paso, Francisaca Antonia Visaez, etc. ¿Alguien recuerda aquellos biscochos que hacía la señora Victoria Planchart de López?

De Todo Hay En La Viña Del Señor

En todo pueblo encuentran los muchachos (y los viejos también) una forma de divertirse a costillas del primer incáuto que pase. Alguien, quien durante años mantuvo en espectativa a la muchachada, por la nueva "fechoría" que se le iba a ocurrir, es nuestro amigo Andrés Hernández Marcano o cariñosamente como aun se le conoce, Andrés "pitirre". No respetó ni al muy merecidamente respetable Severo Cortéz. Andrés, de "vocación" embustero por diversión, en todo momento tenía a la mano un embuste, hasta una "Respetable Escuela para Embusterós" llegó a fundar, entre sus alumnos se destacaron Benito Gallardo y Chon Mata, entre otros. Era frecuente que en Casanay hicieran escala los agentes viajeros que circulaban por la carretera Carúpano-Caripito, comerciantes que llevaban mercancías a los negocios de Casanay y otros lugares vecinos, con la finalidad de pensionarse o tan solo comer en unas de las pensiones aledañas a la Plaza Bolívar (recordamos con mucho cariño y respetoa a la Sra María Maiz y a la Sra Eladia Centeno). Por eso era normal ver estacionados camiones, camionetas pickup y hasta gandolas. Cuentan que cierto día, Andrés, repartidor de correos caminaba por el sector pueblo nuevo conversando con su "alumno" y compinche Benito Gallardo y se encontraron con el Sr Severo Cortéz, quien inició el saludo: ¿cómo están los muchachos? Aquí Sr. Severo, comentando las cosas tan asombrosas que suceden en Casanay, responde Andrés, ¿cuáles cosas? vuelve el Sr Severo. Eso, el carro de 18 ruedas que está estacionado allá en la plaza, nunca habíamos visto un carro tan grande como ese, responde Andrés, acompañado del gesto cómplice de Benito. Severo salé ahora muy rápido, pues tal espectáculo no se lo podía perder. Camina en un santiamén unas catorce cuadras para encontrarse que en la soledad de la plaza estaban estacionados dos camiones uno delante del otro, cada uno con ocho ruedas, ya que en la parte de atrás, en la batea, los camiones tienen cuatro ruedas, dos en el medio y dos adelante, más la rueda de repuesto, suman nueve por dos son dieciocho ruedas en total. Por supuesto que Severo se molestó de tal manera que si los hubiese encontrado en ese momento, creo que el camino de la laguna y Rio Chiquito hubiesen sido poco terreno para hacerlos correr.

En otra oportunidad, un agente viajero estacionó su camioneta para él almorzar en una de las pensiones. Andrés con la velocidad del rayo sacó un llavero y moviéndolo en círculos  empezó a decir: "para los bajos, para los bajos, ya me voy" corrieron un poco de gente que esperaban irse a su destino y él con toda seriedad les decía "a la camioneta que ya nos vamos", al final salió el dueño de la camioneta y al ver ese espectáculo preguntó ¿qué hacen ustedes en mi carro? alguien respondió. ¿en su carro? el chofer nos dijo que podíamos montarnos...bueno imaginemos el resto, Andrés por supuesto hacía ratos que se había perdido de ahí.

Terminemos recordando cuando Chon Mata, ayudado por su palidez natural, fingió un desmayo y Andrés, Benito y otros ·alumnos" lo recostaron de un rollo de cabullas, en la bodega del Sr Nicolás Garcia, y un señor que estaba de visita en el pueblo preguntó ¿qué le pasa a él? Andrés respondió "eso siempre le sucede porque el está enfermo y no tiene a nadie, con una malta él se reanima" y el buen señor pide inmediatamente una malta para el pobre chon y... cuentos como este los hay de a montón. Allá en la plaza seguro que muchos aun rememoran tan buenos momentos de picardía inofensiva.(Por cierto fue el examen final de curso para Chon Mata quie aprobó con la máxima nota de cien puntos).

Guardia Nacional

El primer comando de Guardia Nacional fue instalado en Casanay entre los años 1956-1957, en la calle Venezuela, si mal no recuerdo, en la casa que fue del matrimonio de Valentín Brito y la maestra Adela de Brito Posteriormente esa casa pasó a ser propiedad del matrimonio de Sulpicio Caraballo (Pichito) e Inés Villaroel de Caraballo. En ese primer comando cumplieron sus funciones militares, entre otros: el Sargento Briceño, los guardias Acosta, Parra, Aular, Juan Rojas, Manriquez, Cardona... personas que se familiarizaron prontamente con el pueblo y algunos hasta hicieron familia casanayera. Luego el comando fue mudado para la calle El Perú, frente a la Concentración, casa donde se fundó el Colegio Matías Parra Alcalá y luego el Colegio Petra Tineo de Caraballo, allí la Guardia Nacional ocupó la casa que fue del Matrimonio de Amador Millán y Alvina Velázquez de Millán (para esos tiempos había dejado sus funciones como directora del colegio Rafael Ramos Díaz para residenciarse con su esposo e hijos en la ciudad de Cumaná).  Volviendo al comando, en esta segunda etapa, allí trabajó Miguel Angel Medina, esposo de Carmen Cruz Calzadilla, no recuerdo bien, pero creo que ella es familia del Sr Jesús Calzadilla, humilde señor y muy respetado personaje que ocupó un tiempo la prefectura civil del Municipio cuando se denominaba Mariño y el distrito tenía como Capital a Cariaco( Distrito Ribero).

Nota. Nos aclara Jesús López Planchart en el libro de visitas, que la maestra Carmen Cruz Calzadilla  es hija del Sr. Jesús Calzadilla.

Particularidades

Nuestros pueblos orientales tienen diversas formas de expresion y costumbres que los identifican  como regiones muy diferentes al resto del país. Casanay, desde luego, no se escapa de esta afirmación. Recuerdo que hace unos cuantos años, más de los que hoy asoman a mi memoria,  íbamos a la Plaza Bolívar  a jugar picha (metras), que en cualquiera de las bodegas vendían, pero también comprábamos pichas para endulzar el paladar (caramelos), cinco pichas por un centavo (5 cts); es que había dos tipos de pichas: picha de comer y picha de jugar (cinco de estas, valían  una locha, es decir 12,5 cts) y cuando llegaba el carnaval, esperábamos  las comparsas y al paso de ellas los muchachos gritábamos: picha, picha, picha y como respuestas nos lanzaban pichas, en otras regiones hasta hoy gritan  a las comparsas: aquí es, aquí es, aquí es..., y reciben como respuesta caramelos, es decir, pichas. También podíamos comprar en la plaza, donde siempre estaban, Puro,  Cruz "el loco", Euclides, vendiendo snowball (raspados); en el Zulia le dicen bola de nieve (tradución castellana de snowball); ese nombre inglés probablemente llegó a nosotros desde Güiria, donde llegaban muchos trinitarios quienes pudieron dejar esa denominación y tel vez la costumbre de preparar y vender ese rico manjar preparado solo con hielo raspado y algún jarabe como coco con papelón, limón, frambuesa, etc.

Además nuestro pueblo tan rico en agricultura todo el año tiene frutas, mucha banana (en otras partes le llaman cambur a todo lo que parezca bananas, pero hoy sabemos que el nombre legítimo y genérico es banana), temporada de catuche, excelente, muy ricos los nuestros. Guanábana le dicen en la ciudad capital, pero llama la atención que en Caracas, están la quebrada y la esquina de catuche, no se quien dañó la cosa, pero pienso que acá también disfrutaban del rico catuche. Los muchachos montaban voladores allá en la plaza El mariño y donde le fuere posible, esos papagayos de otras regiones eran nuestros voladores, para el que utilizábamos hilo de huevito, muy duro, diferente al hilo de coser y al hilo de alpargata, que en otros lados le dicen pabilo. Bueno, por ahora llego hasta aquí, pero si les digo, que cuanto voy a Casanay siempre compro en la plaza un esnobol de coco con papelón, busco las meriendas que llamaban cortado y trato de disfrutar de plátanos fritos, compro bananas, algunas veces gacho, recuerdo que en Santa Marta en las haciendas de Gonzalo Mayobre, Genaro Villarroel y en la de Angito Brito, se daban muy bien los dominíco, estén y otros tipos de banano. Pregunten, pregunten y disfruten.

Origen de los nombres de las calles:

En Casanay existió una calle denominada "Los Telares", no porque ahí fabricaran telas, sino porque señoras de esa calle, con juncos extraídos de la laguna, tejían esteras. Esa calle comenzaba, cerca de la plaza, más o menos por donde estaba la casa denominada "La Confianza", una casa de comercio que luego fue sede de la Escuela Rafael Ramos Díaz. Toda esa calle hasta  empezando el camino hacia Las Varas, era sitio de fabricación de esteras, casi todas las señoras de esa calle como la Sras. Lucía Calzadilla y la Sra. Luisa Hernández, madre de Ventura y Nicolasa, laboraban diariamente tejiendo y tejiendo, para  luego llevarlas a la venta en bodegas como la de Angito Brito, allá frente a la plaza. Esa calle se veía cubierta de esteras a lo largo de todas esas casas. También fabricaban esteras en la Calle Boquerón, prolongación hoy de la calle Venezuela como fue la calle de Los Telares, una parte de lo que hoy conocemos como Calle El Perú

La hoy conocida  Calle Santa Marta, debe ese nombre a la ciudad de Santa Marta, Colombia, lugar donde está La Quinta de San Pedro Alejandrino. Allí tomó el camino hacia la eternidad el Libertador Simón Bolívar.

Esa Calle Santa Marta, en un pasado se le conoció como Calle Las Flores y mucho antes se le llamó calle Las Trinitarias, debido a que esa planta abundaba y adornaba bellamente la calle. 

Leyendas

Ese Guayacán que está frente a la casa donde durante muchos años el Sr. Nicolás García tuvo su almacen , tiene su misterio. Me cuentan que muchas personas al salir del cine San Agustín, a eso de las diez de la noche, si por cosas de la vida se paraban allí cerca del Guayacán, se "viraban". Me cuentan de alguien, vecino de la cuadra que va de la casa de la agropecuaria hasta el Concejo Municipal, se dio cuenta de su ubicación cuando muy lejos ya, en la calle El Perú, el Sr. Piaco Hurtado, dijo.¡epa ¿y para dónde va usted,pues?. El caso es que en ese preciso momento la luz dio la primera pestañada, ya que a las once de la noche Julio Tineo apagaba la planta. Recuerde que teníamos luz propia en una planta electrica situada entre el garage del Sr. Melchor Herrera y la Sra. María Díaz, si mal no recuerdo. Y cuentos como ese del Guayacán conozco varios. Me informé por allá por el año 1969 y un Sr., miembro de una hermandad mística, me dijo que eso se debe a que allí hay un campo magnético terrestre que pierde a la gente. Otro lugar donde la gente también se "perdía"era un sitio despoblado, adyacente a un terreno del Sr Chano Ortega, donde no hace muchos años hubo una plantación de cambures. En ese mencionado sitio despoblado llegaban atracciones como circos y ciudades mecánicas,el caso es que muchos de los que venían de disfrutar de los carros chocones,las pailas, la silla voladora, etc, hacia la calle Ecuador por ejemplo,  se daban cuenta que estaban perdidos cuando iban llegando al cementerio. Tenía  tal vez unos diez y seis años, cuando conversabamos ese tema  Chuíto Caraballo, Andrés Eloy Mata, Pedro Tolú, hijo, y quien esto escribe con Darío González, mucho mayor que nosotros por supuesto, y recuerdo que él dijo algo como esto: "cará, yo que vivo ahí, casi al lado me heche una perdida, que me di cuenta cuando iba llegando a la casa de Jacobo Gonzalez". Jacobo vivía en la calle Colombia, más o menos una cuadra  o un poco más, antes de llegar al cementerio, es decir pasó calle Ricaurte, calle Santa Marta, hasta calle Colombia. ¿Caminó, verdad?

Bienvenid@s

Videos Recientes

Fotografias Recientes

 

Lugares y Gente

Nuevos Miembros

 

Recent Forum Posts

No recent posts